SE ACABO

Se acabó antes de empezar. Es lo que ocurre muchas veces, sobre todo, cuando el hombre construye sobre tierra.

El escándalo McCarrick y la primera carta del Arzobispo Vigano obligó al Papa Francisco a descender a un terreno que nunca hubiese querido pisar y le pilló con el pie cambiado sobre el tema de la homosexualidad dentro de la Iglesia.

Hemos comentado varias veces que la intención de Francisco, hay mil gestos y declaraciones en ese sentido, era integrar de alguna manera la homosexualidad dentro de la Iglesia. Como una falta menor, poco relevante, y para nada invalidante del Arzobispo o Cardenal que la practicase.

Al mismo tiempo, se rodeaba de toda una serie de homosexuales activos o promotores de la homosexualidad, circunstancia que nunca ha sido un problema. Así, Monseñor Ricca, McCarrick, Madariaga, Coccopalmerio, McElroy o Cupich pasaban a ocupar puestos de importancia, se les encomendaban misiones delicadas o se convertían en sus consejeros más cercanos.

Paralelamente, la oleada de nuevas noticias sobre los abusos y su encubrimiento, todo parece haber ido de la mano los últimos 50 años, se achacaban al clericalismo o al celibato. Los esfuerzos han sido titánicos por que no pudiese haber asociación de ningún tipo entre homosexualidad en el clero y abusos. Hubiese chocado con el camino emprendido y, con quienes son los más firmes aliados de Francisco.

Se atribuye a Napoleón aquello de “si quieres que se resuelva un problema nombra un responsable, si quieres que no se resuelva nombra una comisión”, dicho que Francisco va a seguir al pie de la letra el próximo febrero en la cumbre anti-abusos.

La estrategia parece clara, hay que dominar sobre todo a la Conferencia Episcopal Americana, de los jueces y fiscales de este país viene el mayor peligro, y desligar en todo momento la homosexualidad de los abusos, algo francamente complicado cuando las cifras son abrumadoras, apenas hay abusos a niñas y casi todas se producen sobre varones. Por eso, son ganas de hacer el ridículo hablar del fin del celibato como medida estrella, salvo que sea el paso previo, el amor hombre-mujer, al “amor”, a secas, con cualquiera.

Decía al comienzo que la cumbre va a fracasar casi sin empezar. ¿Por qué? Porque existe un libro, a punto de publicarse, se hará antes del verano seguro, que trata, entre otras cosas, de los novios de los Curiales desde, al menos, la época de Juan Pablo II hasta aquí.

El libro promete ser una bomba, traducción a varios idiomas etc, es decir, no va a ser distribuido por cualquiera, imposible mirar para otro lado. Algunos de los nombres revelados son ciertamente sorprendentes y explicarían muchas cosas, y no hablo del momento actual.

La fuente de información parte de los mismos pastores que, parece, hartos unos de otros, se han dedicado a cantar del novio del vecino.

Mucho me temo que, una vez la información esté en la calle, será un sálvese quien pueda y el ventilador se pondrá a funcionar las 24 horas del día. No sé si va por ahí las declaraciones del Cardenal Joao Braz de Aviz sobre Marcial Maciel, al “reconocer” que sus abusos se conocían desde hace mucho. Como cualquier sinvergüenza, este conocimiento, lo achacó a un ser indeterminado “el Vaticano”. La tónica habitual, pierde la Iglesia, los encubridores no.

El caso es que, con todos esos nombres en la calle, será difícil seguir sosteniendo esta farsa de nadie sabía nada y los abusos son culpa del clericalismo. Probablemente dé lugar a una nueva ronda de denuncias.

Es difícil imaginar un panorama más triste. Hasta donde se extienda la mancha es imposible prever.

Capitán Ryder

 

5 Comments

  1. ANIMO CARDENAL VIGANO. A EXTIRPAR EL TUMOR DE RAIZ,RECUERDEN SACERDOTES SOIS SOLDADOS DE DIOS. CONSAGRENSE DE NUEVO A LA VERDADERA CRISTIANDAD. MARIA MADRE LO EXIJE

  2. ¿Que pensarían de alguien que les dijera: cuidado con la vista a un adolescente desnudo porque los puede excitar u ojo con acariciar a los niños porque les puede pasar lo mismo?.
    Bueno, es lo que dicen S. Alfonso de Ligorio y Tanquerey.
    El primero: “non esse de se mortale, citra periculum consensus venerei, aspicere pudenda personae eiusdem sexus, nisi aspiciens esset valde propensus ad sodomiam, (…) vel nisi, adderem, pulcher adolescens aspiceretur nudus.” (Alfonso de Liguori, Theologia moralis, Lib. III, Tract. VI y IX Praec. Decal, Cap. II, Dub. I, De actibus et verbis obscoenis, n° 420 notandum 3).
    Traducción: “Mirar las partes pudendas de una persona del mismo sexo, sin peligro de consenso venéreo, no sería por sí mismo mortal, salvo que el observador fuera muy propenso a la sodomía (…) o si el contemplado es un hermoso adolescente desnudo”.
    El otro es de Tanquerey que luego de señalar que “la mutua simpatía que existe entre los dos sexos es causa de peligrosas ocasiones para los que profesan el celibato; se han de suprimir los encuentros”, agrega “Los niños de agradable aspecto y de carácter risueño y afectuoso, pueden convertirse en ocasión peligrosa; porque gusta contemplarlos y acariciarlos, y, si no se está alerta, podemos propasarnos a familiaridades que turben los sentidos. Es ésta una advertencia que no ha de pasarse por alto, un aviso que Dios nos envía para darnos a entender que ya es tiempo de detenernos, si no es que fuimos ya demasiado lejos.” (Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística, n° 1111, pto. B) La huida de las ocasiones peligrosas).
    ¿Pregunto, no están revelando estos textos una sexualidad en sus autores, y con ello de toda una tradición de la que son herederos, que no es normal?.
    Me explico: si mirar a un “hermoso” adolescente desnudo es ocasión próxima de pecado, ¿no indica ello una homosexualidad al menos en estado latente o larvado?. Pero S. Alfonso parece indicar que el objeto mismo es peligroso, no por la cualidad del observador, con lo cual, todo varón pecaría por esa vista y no solo “nisi aspiciens esset valde propensus ad sodomiam”. La conclusión es que el autor considera que para un varón es peligroso ver a un “adolescente desnudo”, pero no entiendo por qué lo sería si no hay una tendencia homosexual efebofílica.
    En cuanto al de Tanquerey, habla por sí mismo. Creo que debe haber una desviación para que un niño suponga una ocasión próxima al nivel de la mutua simpatía de los sexos.
    Es realmente extraño que se precava en dichas obras sobre este punto, salvo que se considere como muy extendida esa tentación en quienes son destinatarios de su obra, en general clérigos.
    ¿Algo no estaba podrido ya desde hace mucho en Dinamarca?.

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