RING, RING

El pasado día 10 de enero nos enterábamos que el Papa Francisco había llamado al teólogo José María Castillo. La noticia se hacía pública a través del propio blog del interesado, alojado en el portal Religión Digital.

En la conversación, de 10 minutos de duración, Francisco le decía “Quiero agradecerle lo que Usted está haciendo por mí”.

Esta frase llamó mi atención pues si don José María estaba haciendo algo bueno por el Papa es de suponer que también lo haría por la Iglesia. A pesar de las reticencias que inspira la página web pensé que el blog del teólogo sería distinto si había recibido semejante comentario del pontífice.

Así pude leer, por ejemplo:

Jesús y las mujeres, 29.12.2017

La desigualdad en derechos, dignidad y seguridad de las mujeres, respecto a los hombres, en España al menos, va en aumento. El dato aterrador de la cantidad creciente de mujeres, que son maltratadas, amenazadas y asesinadas por los hombres, en nuestro país, es elocuente y preocupante. Y conste que las religiones – y nuestra Iglesia en concreto – tienen una dosis importante de responsabilidad en este patético asunto. Y para terminar, ¿dónde está dicho que las mujeres no pueden ser sacerdotes o no pueden ejercer cargos de gobierno en la Iglesia? La respuesta a esta pregunta no pertenece a la fe. Es un asunto cultural. Jesús jamás prohibió a las mujeres actividad alguna en su comunidad.

La rehabilitación de Teilhard de Chardin 10.12.2017

En las últimas semanas, se viene destacando, en la prensa y en las redes, el proyecto de rehabilitar, desde el punto de vista de su ortodoxia doctrinal, las valiosas enseñanzas que nos dejó la enorme, original y excelente producción intelectual del jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Sin duda alguna, uno de los más brillantes intelectuales católicos de la primera mitad del siglo pasado. Y uno de los testigos más audaces de la fe cristiana de los últimos tiempos.

Preparar el cambio más urgente en la Iglesia 1.12.217

En cualquier caso, el cambio más urgente – me parece a mí – se refiere a la renovación del clero. Cada día que pasa, hay menos sacerdotes. Y los pocos, que vamos quedando (yo no me he secularizado), somos lógicamente cada día más viejos. Los seminarios, los noviciados, están casi vacíos o se han cerrado. Son ya demasiadas las parroquias que no tienen párroco. O el que tienen, debe atender a varias parroquias más, que pueden estar distantes. A esto hay que darle – y pronto – alguna solución. ¿Se está preparando ese cambio? ¿En qué va a consistir? ¿No sería conveniente informar a la Iglesia de lo que se está haciendo para resolver este problema? Es un asunto que nos concierne a todos los creyentes en Jesús el Señor. Y a todos se nos debería dar la oportunidad de aportar nuestro punto de vista. ¿Por qué no se da ese paso? ¿Se está trabajando “bajo cuerda”? ¿Por qué se nos oculta lo que sería bueno darlo a conocer y ofrecer la oportunidad de saber lo que piensa, desea, necesita y espera quien necesita la solución?

Somos muchos los que nos hacemos estas preguntas. O quizá otras parecidas, pero relacionadas con el mismo problema de fondo. Un problema, que (en su ámbito) afecta al mundo entero, no puede depender de lo que piensan o les conviene a unos cuantos hombres en Roma y sus “cercanías”. ¿Tendremos pronto alguna respuesta? Y si es que parece indiscreto incluso preguntarse esto y decirlo a los demás, entonces habrá que pensar en soluciones que se me antojan mucho más graves.

Cómo apoyar al Papa Francisco 25.11.2017

  1. Pedimos al Papa que informe a la Iglesia sobre las verdades que el Magisterio de la iglesia ha propuesto – y sigue exigiendo que se acepten – como “verdades de fe divina y católica” (Constitución dogmática “Dei Filius” [Conc. Vaticano I, cap. III): “Deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio” (Denz.-Hün, 3011). Todo lo que no es, con seguridad, una verdad de fe divina y católica, puede ser modificado, interpretado o aplicado según las necesidades de los fieles, y de la humanidad en general, cuando existen razones serias para ello. Por ejemplo, resulta inexplicable el conflicto, que hemos vivido recientemente, por causa de un asunto que no pertenece a la Fe divina y católica, la indisolubilidad del matrimonio y la casuística que ha suscitado.
  2. Hay que aplicar la Hermenéutica (la gran scoperta del s. XX), no sólo a la Palabra de Dios (la Biblia), sino también a la palabra de la Iglesia, el Magisterio. Por poner un ejemplo, es evidente que la afirmación del “Credo” de Nicea: “Creo en Dios todopoderoso”, el Pantokrátor, un término que ni aparece en la Biblia, ya que, como es sabido, el “pantokrátor” fue, en la Antigüedad tardía, un título imperial que se entendía como “el amo del mundo”. Semejante Dios, no es el Dios que nos reveló Jesús en el Evangelio.

El Papa controvertido 4.11.2017

Si estos hechos se piensan despacio, la respuesta más razonable a este asunto da que pensar. Por una razón muy sencilla. Lo que da que pensar es que el papa Francisco (y su forma de vivir y de relacionarse con la gente) nos lleva a pensar o sospechar que la Iglesia está más lejos del Evangelio de lo que podíamos imaginar. O dicho con más precisión: en esta Iglesia nuestra da la impresión de que hay gente importante que se preocupa más por la fidelidad al Dogma, al Derecho y a la Liturgia que el Evangelio y al “seguimiento” de Jesús.

La religión contra el Evangelio 22.10.2017

Pero no es esto lo más fuerte. Lo más grave y más decisivo, en este asunto tan fundamental, es que, si leemos y analizamos los evangelios con detención y atención, lo que en ellos encontramos es algo que, no sólo nos sorprende, sino que sobre todo nos desconcierta. Se trata del desconcierto, que nos produce, el hecho de que el conjunto de relatos sobre la vida y enseñanza de Jesús, que nos transmiten los evangelios, deja patente que la religión, como conjunto de leyes y rituales, templos, altares y sacerdotes, no soporta al Evangelio y, por eso mismo, es incompatible con el Evangelio.

El infierno 12.08.17

Pero vamos al asunto que interesa. Ante todo, el «infierno». En la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, no está definida, como dogma de fe, la existencia del infierno.

Lo que el Magisterio papal ha enseñado es que «quienes se van de este mundo en pecado mortal» se condenan (Denz.-Hün., 1002, 1306). Pero lo que no está definido en ninguna parte es que alguien haya muerto en pecado mortal. Ni de Judas se puede afirmar tal cosa. Porque trasciende este mundo. Y jamás ha estado, ni podrá estar a nuestro alcance. Por tanto, aunque en algunos documentos eclesiásticos aparezca la palabra «infierno», semejante término no pasa de ser una mera hipótesis, que nadie ha dicho que exista realmente.

Todo esto supuesto, no hay que calentarse mucho la cabeza para llegar a una conclusión: o creemos en Dios o creemos en el infierno. Armonizar ambas creencias, ocultando lo que interesa para «que cuelen», y sobre todo para meter miedo a los indefensos oyentes de tantos apasionados sermones de iglesia, eso es usar (y abusar) de Dios, para conseguir lo que a nosotros nos conviene.

Es verdad que, al negar la existencia del infierno, dejamos al descubierto el problema de la justicia divina. La justicia de la que echamos mano para explicarnos la solución última que tendrá la incontable cantidad de maldades que vemos y sufrimos en este mundo. Pero lo que, en este caso, tenemos que preguntarnos es, si no ocurre, más bien, que le cargamos a Dios que sea él quien haga la justicia que nosotros no tenemos ni la libertad ni el coraje de hacer.

 

Como pueden ver, el blog no tiene desperdicio: mujeres sacerdote, rehabilitación de herejes, Iglesia asamblearia, adelante con el divorcio, la Iglesia contra el Evangelio y el infierno no existe.

Todas las entradas son de este año. Este señor fue profesor de la facultad de teología de Granada. No es un caso aislado, lo que explica perfectamente los últimos 50 años, pero eso no evita una serie de preguntas en torno a la llamada:

  • ¿Por qué llama Francisco a esta persona?
  • ¿Realmente está haciendo algo bueno por Francisco?
  • Lo que hace este señor ¿es bueno para la Iglesia?
  • ¿Hay escritos que pueden ser buenos para el pontífice y malos para la Iglesia?
  • ¿No es la misión principal del pontífice reconfortar a las cristianos en la Fe?
  • ¿Contribuye a eso esta llamada?

En enero de 2015 Francisco pronunció las siguientes palabras tras el atentado de París, «si alguien insulta a mi madre puede llevarse un puñetazo». Las declaraciones, tristemente, no se referían a la Iglesia y las ofensas que constantemente recibe, ni correspondían a un arrebato viril contra quienes minan la labor de la Santa Madre Iglesia propagando enseñanzas ajenas a ella desde el interior de la misma. En esos casos nunca ha tenido ninguna palabra de indignación, más bien, como vemos en este caso, palabras de cercanía, cariño y respaldo a la labor que el ofensor realiza. La indignación sólo aflora cuando del Islam se trata.

Capitán Ryder

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