RESPUESTA A JUAN SUAREZ FALCO (Y V). AQUELLOS «MARAVILLOSOS» AÑOS

Una última entrada para comentar 2 asuntos que han quedado en el tintero: la relación de la Iglesia con el comunismo desde Juan XXIII y los nombramientos post-conciliares.

Del segundo, poco que decir, los hombres que implantaron la revolución en la Iglesia, Vaticano II, y lo hicieron por amplias mayorías, como dice Suaréz Falcó aunque con otra intención, eran nombramientos de Pio XII y pontificados anteriores, luego los problemas en la Iglesia eran muy profundos desde tiempo atrás. Por ejemplo, Bugnini ya revoloteaba como asesor de liturgia con Pío XII.

Muchos de ellos jugaron un papel letal para la vida de la Iglesia, el cardenal Bea, Dopfner, Kónig, pero muchos otros ya estaban señalados desde tiempo antes y eso no impidió su progresión en pontificados como los de Pablo VI y Juan Pablo II. Hemos hablado aquí de la lista Pecorelli (Prelados que supuestamente formarían parte de la masonería) y de la vergonzosa actuación de Casaroli durante el pontificado de Pablo VI en relación con el comunismo. Eso no impidió que Juan Pablo II lo hiciese, nada menos, que Secretario de Estado durante 11 años.

En la lista Pecorelli se daban los siguientes datos sobre él y su inicio en la masonería:

Inscripción 28/9/1957; Matrícula: 41/076; Monograma: CASA.

El Padre Luigi Villa en el libro ya citado en artículos anteriores dice al respecto:

“El paulino, Padre Rosario Espósito, en su libro: “Las grandes concurrencias entre la Iglesia y la Francmasonería” refiere que Casaroli, el 20 de octubre de 1985, en ocasión de las celebraciones del 40º aniversario de las Naciones Unidas que tuvieron lugar en la Iglesia de San Patricio, en Nueva York, dio “una homilía de largo aliento”, cuyo contenido “confirma que las concordancias entre Iglesia y Masonería pueden considerarse, de hecho, alcanzadas.”

El mismo Sacerdote señala más adelante

El mismo P. Henrici, en la revista “30 Giorni” (diciembre de 1991) subraya que la “Nueva teología”, (Condenada por Pío XII en “Humani Generis”, de acuerdo con San Pío X) “se ha convertido en la teología oficial del Vaticano II”. Eso está confirmado también por el hecho que los “puestos claves” en la Iglesia ya han sido asignados a los modernos exponentes de la “Nouvelle Théologíe”, cuyo periódico oficial es la revista “Communio”, patrocinada por el Card. Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Algunos han señalado que varios teólogos, nombrados obispos en años recientes, vienen de las filas de “Communio”; tales como los germanos Lehman (obispo en 1983, cardenal en 2001 y 20 años presidente de la Conferencia episcopal alemana, todo en tiempos de Juan Pablo II) y Kasper ( Obispo en 1989, cardenal en 2001 y desde 1994 co-presidente de la comisión internacional para el diálogo luterano-católico); los suizos Von Schönbern y Corecce; el francés Léonard; el italiano Scola; el brasileño Romer…También tiene que hacerse notar que los “fundadores” de la revista “Communio”, Balthasar( cardenal en 1988), De Lubac (cardenal en 1983) , y Ratzinger, han sido consagrados cardenales. Hoy a este grupo de nombres, puede agregarse el del dominico George Cottier, teólogo (¡lamentablemente!)

Desconozco las razones de estos nombramientos, sólo que no fueron buenos para la Iglesia, y por tanto, para el mundo, pero no son unos “fallitos”. Parece, al contrario, que se era muy consciente de la línea seguida. Por la razón que fuese.

Por tanto, esa teoría de Suarez Falcó por la que algunos nombramientos de aquellos maravillosos años han salido rana no parece muy consistente. Todo el mundo conocía que entorno a Communio se agolpaba todos los progresistas eclesiásticos.

Suarez Falcó también afirma que el concilio fue una maravilla, que todo se aprobó por mayorías cualificadas y que el espíritu del concilio echó al traste con los frutos de este.

Sólo diré 2 cosas al respecto:

  1. Esos padres conciliares tan “ortodoxos” que alumbraron los documentos conciliares fueron los que, pocos años después, se rebelaron abiertamente contra Humanae Vitae por confirmar lo que siempre había dicho la Iglesia. Conferencias Episcopales enteras como la francesa, holandesa, belga, austriaca, alemana, inglesa, canadiense o escandinava. Casi na. O mudaron de pensamiento en muy poco tiempo o, a lo mejor, el Concilio no fue tan maravilloso.
  2. Uno de los padres conciliares más relevante, mimado por Pablo VI, fue el austriaco Köenig, también señalado en la lista Pecorelli, y quien recomendó a los Padres Conciliares “tener en consideración las ideas de Teilhard de Chardin sobre el evolucionismo”. Ironía ON “Uf, que tiempos aquellos tan entrañables, en los que todo era ortodoxia y fidelidad a la Iglesia, no como ahora con Francisco. ¡Y cómo persiguieron a estos propagadores de herejías desde el Papado…un momento…espera, uhmmm! Ironía OFF

Respecto al tema del comunismo tres apuntes:

  1. El Pacto de Metz requetecomentado en este portal. El “maravilloso” Concilio Vaticano II, empezó con un pacto completamente inmoral. Ese Concilio que hablaría de los problemas más acuciantes del hombre moderno se dejaba en el tintero el principal. Otro pequeño error.
  2. Ese Pacto añadió otros 2 episodios realmente repugnantes. El primero, extraviar exprofeso la solicitud de condena del comunismo realizado por muchos Padres Conciliares. Acontecimiento “realmente maravilloso” aquel en el que la mayoría dominante utiliza la mentira y el engaño para llevar a cabo su agenda. El segundo, las 2 encíclicas, Pacem in Terris y Popularium Progressio por parte de Juan XXIII y Pablo VI, que presentaban un comunismo nada ajustado a la realidad y propugnaban la colaboración entre cristianos y comunistas en las áreas-objetivos que pudieran ser comunes. Ahí abrió las puertas al comunismo la Iglesia, y de ahí la infección vía teología de la liberación.
  3. Añado unos párrafos del libro del Padre Luigi Villa sobre estos temas. Para el resto, me remito a algunos artículos ya publicados.

 

http://iotaunum.com/otra-vez-el-pacto-de-metz-i

http://iotaunum.com/otra-vez-el-pacto-de-metz-ii

http://iotaunum.com/otra-vez-el-pacto-de-metz-iii

Era 1954, cuando Pío XII era probado por la enfermedad y debilitado por la vejez. Fue el Coronel Arnauld, del Segundo Bureau francés, Brigadier General del

Intelligence Service (Servicio de Inteligencia Británico. N. del T.),

y el “James Bond” de Pío XII, oficial de carrera, pero, sobre todo,

hombre de rígidas costumbres y católico practicante. Al final de la

guerra, se desempeñaba con los británicos y regresó a los “Servicios

Secretos” franceses. Y para entonces, poco después del armisticio,

el Quai d’Orsay (Ministerio de Relaciones Exteriores francés) le

asignó una misión cerca del Papa Pío XII, para pedirle que expulsara

de sus diócesis a veintidós obispos franceses, a quienes el gobierno

de Charles De Gaulle consideraba culpables de haber favorecido

al régimen del Mariscal Petain. Expuesto a Pío XII el pedido

de su Gobierno (escuchado “muy fríamente” por el Papa), Pío XII

le dice querer conocer “el juicio personal del embajador, del católico,

del oficial, cuya hermana es Superiora de un Convento en

Roma”. El Coronel le pide tiempo para estudiar el “dossier” de los

veintidós obispos. Cuando regresó a Roma, le manifestó su “juicio”

sobre el caso; Pío XII compartió el juicio e hizo alejar de Francia

solo dos obispos, rechazando “castigar a los otros”.

Poco tiempo después, el Coronel Arnauld renuncia al Bureau

francés.

Pío XII, informado, lo llamó a Roma y le ofreció convertirse en

su agente personal, dependiente solo de él, porque – le dice – “un

diplomático está constreñido a observar algunas reglas y a ser

muy prudente: un agente no”.

El Coronel acepta, presta juramento al Pontífice e inicia su nueva

misión. En el curso de una gira por el Este, entró en contacto con

el obispo luterano de Uppsala, Primado de Suecia, quien teniendo a

Pío XII en gran estima, no dudó en rendirle preciosos servicios, como

ayudar a los miembros del clero detenidos, y en la introducción

clandestina de biblias en Rusia, etc. En el curso de uno de esos encuentros

(haciael verano de 1954), el arzobispo de Uppsala dijo repentinamente al Coronel: «La autoridad sueca está perfectamente

al corriente de las relaciones del Vaticano con los Soviets». El coronel

decide inmediatamente interrogar a Pío XII, apenas regresara

de la misión. Vuelto a Italia, interrogó al Santo Padre, quien muy

asombrado por ese informe, pidió al coronel que dijera a Monseñor

Brilioth que el Vaticano no tenía relaciones con los Soviets.

Pero cuando el coronel Arnauld regresó a Suecia, el arzobispo de

Uppsala le reiteró lo que le había dicho antes, rogándole que regresara

tan pronto como terminara su nueva misión. El coronel aceptó

y volvió a ver al arzobispo. Mons. Brilioth, esta vez, le entregó un

sobre sellado, dirigido a Pío XII, rogándole lo pusiera directamente

en sus manos, sin darlo a conocer a nadie más en el Vaticano. Solo

le dijo: «Este sobre contiene la “PRUEBA” de la relación que el

Vaticano tiene con los soviéticos»

Una vez en Roma, el coronel entregó el sobre a Pío XII, que

lo leyó en su presencia, mientras se le blanqueaba el rostro.

En resumen: el último texto oficial, firmado por el Pro-secretario

de Estado, Monseñor Montini, tiene fecha 23 de setiembre de

1954.

De otras fuentes de información se sabe que, en aquel trágico

otoño de 1954, Pío XII también había descubierto que su Pro-secretario

de Estado “le había ocultado todos los despachos relativos al

cisma de los obispos chinos”2, cuyo caso se estaba agravando

Ahora, el hecho que Monseñor Montini había sido alejado de la

Secretaría de Estado por haber caído en desgracia con Pío XII (a

quien “traicionaba”) lo ha admitido Jean Guitton en su libro: “Paulo

VI secreto”, donde escribe: «Nunca se supo, no se sabrá nunca,

por qué Pío XII, habiéndolo hecho arzobispo de Milán, no lo había

creado cardenal, lo cual le quitó la posibilidad de ser elegido papa…

» Y después, más adelante, Guitton escribe: «El (Paulo VI)

atravesaba una prueba análoga a aquella que le había infligido

Pío XII: la de la “desconfianza”, cuando Pío XII pareció haber

perdido la confianza que había puesto en él.

¡Es un hecho que Montini, mientras vivió

Pío XII, no volvió a pisar el Vaticano!

Cito, a este respecto, un “documento” extraído de los Archivos

Nacionales de Washington, en el cual se prueba que el futuro Papa

Paulo VI se reunía, secretamente, con el lider comunista italiano,

Palmiro Togliatti, ya en julio de 1944.

Pero será el Papa Juan XXIII – ¡de quien Montini recibió la púrpura!

– quien abrirá más a Montini el camino del “diálogo” con el

mundo comunista, después de su famosa encíclica “Pacem in Terris”

del 10 de abril de 1962, en la que el Comunismo, aunque no

nombrado directamente, sin embargo es considerado en plena evolución

dialéctica, o sea, no más idéntico a la doctrina de Carlos

Marx, aunque conservando sus principios.(1)

El Pontificado de Paulo VI, por lo tanto, seguirá ese camino,

abierto por Juan XXIII, quien había iniciado difíciles negociaciones,

tanto con el Patriarca de Moscú, como con Atenágoras, Patriarca

de Constantinopla.

 

(1) Esa encíclica (PACEM IN TERRIS) había sido precedida por la discutida “audiencia privada” con el

yerno de Kruschev, Alexis Adjybei. Debería saberse que la audiencia terminó con

las palabras del Papa Juan XXIII: «Nos separan solamente concepciones opuestas.

¡Es poca cosa!»

 

 

Paulo VI demostró ese su espíritu de conciliación con el

mundo comunista, por ejemplo, en ocasión del “Sínodo Episcopal”

de Roma, en el otoño de 1971. El tema era: “Justicia y Paz”.

El Vaticano había indicado imprimir una fuerte tendencia anti-capitalista

al sínodo, tratando la injusticia causada a los países subdesarrollados

por las naciones tecnológicamente evolucionadas. Pero el Arzobispo Maxim Hermanioux, Metropolita de los ucranianos,

presente en los trabajos, tuvo el coraje de reaccionar, diciendo:

«Me parece muy sorprendente que, en el proyecto de

base, se trate de todas las formas posibles de injusticia:

política, cultural, económica e internacional, pero

no de la injusticia más desagradable para un cristiano:

¡la persecución de la Iglesia de Cristo..!»

El Arzobispo Hermanioux hablaba por los fieles de la Iglesia Católica

Ucraniana, perseguida por los comunistas; y ciertamente, hacía

alusión a los acontecimientos del año precedente. En 1970, en

realidad, el Patriarca de Moscú, Pimén, había anunciado, durante su

investidura, que la Iglesia Católica Ucraniana “no existía más”.

Y el Cardenal Willebrands, negociador pontificio desde 1961, enviado oficial de Paulo VI a la ceremonia no había reaccionado, ni en el lugar ni a su regreso a Roma. ¡Paulo VI, así, daba la victoria a Moscú ateo y persecutor de los fieles católicos!

Los gestos más marcados y evidentes, a favor de los deseos soviéticos,

por parte de Paulo VI, no se llegarán a calcular. Hasta a sus

Cardenales los trasladaba a otra sede, privándoles así de toda influencia,

precisamente por su intransigencia frente a los gobiernos

locales. Así hizo con el Cardenal Mindszenty, ¡a quien Paulo VI,

destituyó de su cargo de “Primado”!

En vano el Cardenal Mindszenty intentó resistir, en nombre del

“daño a la vida religiosa y a la confusión que tal procedimiento

fuera a causar en las almas de los católicos y de los sacerdotes

fieles a la Iglesia”.

Lamentablemente, venció Paulo VI con su “Ostpolitik” que se

inclinaba siempre frente a las criminales “razones de estado”.

Y así, el 5 de enero de 1974, la Santa Sede hizo de dominio público

la decisión de Paulo VI, dando la “noticia” del alejamiento

del Cardenal Mindszenty de la Sede Arzobispal Primada de

Esztergon.

Mindszenty, en sus “Memorias” anotará: «Le rogué (a Paulo

  1. VI) volviera atrás esa decisión, pero en vano.».

Una lacónica alusión a su drama interior, que iluminó, sin embargo,

su última inmolación en la Cruz de Cristo.

Desafortunadamente, el 8 de junio de 1977, Paulo VI se rebajó

a recibir también a Janos Kadar. Nunca ningún Secretario del Partido Comunista había cruzado el umbral del estudio privado de un Papa.

 

¡GLORIA A TI, CARDENAL MINDSZENTY, CONFESOR Y

MARTIR!

Sin embargo, este Gran Confesor de la Fe, sepultado el 15 de

mayo de 1975 en la Capilla Húngara de San Ladislao, en Mariazel

(Austria), en lugar de una apoteosis – ¡que merecía! – no vio, entonces,

siquiera un “representante” de la “nueva” Iglesia Católica

Húngara, la que nunca envió siquiera una corona de flores y ni

una palabra. ¡Ni siquiera estuvo presente el Nuncio Apostólico en

Austria! Solo el “mundo libre” – 4.000 húngaros exiliados de todo

el mundo, 250 sacerdotes y unas 100 religiosas – se encontraron

frente a la tumba de aquel moderno Apóstol-Mártir.

NOTA: J. Mindszenty, “Memorias”, Rusconi, Milán 1974, pp. 356-357. En el texto publicado

faltan algunas páginas, las más graves, pero por voluntad explícita, renovada

varias veces por Paulo VI. Me lo dijo ‘aperetis verbis’, el mismo card.

Mindszenty, quien luego, en mi encuentro personal con él, en Viena, el 14 de diciembre

de 1971, después de dos horas y media de un apasionado e ilustrativo coloquio,

me dijo: «¡Créame: Paulo VI ha entregado los países cristianos en manos

del Comunismo!».

Y por su Ostpolitik, Paulo VI sacrificó también al Cardenal

Slipyi, Primado de la Iglesia Uniata Ucraniana. Arrestado poco

después de consagrado Obispo, en 1940, y otra vez el 11 de abril de

1945, y condenado a ocho años de reclusión y de trabajos forzados

en durísimos campos de prisioneros soviéticos, en Siberia, Polaria,

Asia y Mordovia. A continuación, fue de nuevo condenado al exilio

en Siberia, y, en 1957 tuvo todavía una tercera condena de siete

“años de prisión y de trabajos forzados, y finalmente sufrió una

cuarta condena con encarcelación en la durísima prisión de Mordovia…

Ciertamente, la idea fija de Paulo VI sobre el comunismo era la

contenida en la “Pacem in terris”, o sea, la distinción entre movimiento

histórico (fija) e ideología (en evolución continua)13; por la

cual él creía que el Comunismo podría evolucionar y mejorar, y por

eso le tendía los brazos, recibía a sus emisarios, cooperaba con él

para una presunta justicia y paz en el mundo. ¡Cuanta ilusión!

Pero para eso, Paulo VI se exponía a continuos escándalos en tal

sentido.

Como el del “matrimonio civil”, en 1965, del Padre Tondi, entonces

su colaborador en la Secretaría de Estado, que dejó también

el sacerdocio para ingresar al Comunismo. Mons. Montini le obtuvo

una dispensa extraordinaria insólita de su estado religioso.

Un servicio excepcional a su colaborador (suyo y de Moscú) que

hizo levantar dudas sobre su finalidad…

Otro escándalo dado por Paulo VI fue a través de Mons. Glorieux,

quien cubrió su persona cuando ocurrió la “sustracción

fraudulenta de la ‘Petición’ de no menos de 450 Obispos reclamando

al Concilio, en setiembre de 1965, la condena del Comunismo”.

Aquel escándalo produjo su efecto; el Papa – se dijo –

no ha querido que el Concilio condenase el Comunismo, por lo

tanto, el Comunismo no está más condenado.

Ahora, todo esto era la consecuencia de su primera

Ahora, todo esto era la consecuencia de su primera Encíclica

“Ecclesiam Suam”, que abría la Iglesia al diálogo, a la reconciliación,

a la cooperación con el Comunismo. Una apertura que se

volvía siempre más temeraria, en los Documentos Sociales, olvidando el problema de los cristianos perseguidos, de sus sufrimientos,

de sus persecuciones, para no detenerse ni entorpecer su política

de aproximación y de cooperación con los estados comunistas.

La verdad de los “hechos” por nosotros narrados, disipa toda

duda. Basta recordar otra vez la transferencia del Cardenal Mindszenty,

de “Primado” de Hungría a Roma. Basta recordar también el

grito del Cardenal Slipyi, ese otro confesor de la Fe, fugitivo de los

campos soviéticos quien, frente al Sínodo, gritaba su indignación

a los traidores que hicieron la paz con los persecutores, sin preocuparse

de sus fieles que el comunismo soviético perseguía y

martirizaba

«Sobre 54 millones de ucranios católicos – dijo – diez

millones han muerto como consecuencia de las persecuciones.

El régimen soviético ha suprimido todas las

diócesis. Hay una montaña de cadáveres y ni siquiera

nadie, que los conserve en su memoria. Miles de

fieles están todavía encarcelados o deportados. Pero

la diplomacia vaticana (¡Paulo VI, por lo tanto!) ha

elegido el silencio, para no afectar sus tratativas. Han

vuelto los tiempos de las catacumbas. Millares y millares

de la Iglesia Ucraniana son deportados a Siberia,

próxima al Círculo Polar, pero el Vaticano ignora

esta tragedia. ¿Tal vez los mártires se han convertido

en testigos molestos? ¿Seremos nosotros una bola

y una cadena para la Iglesia?»

Poco más que añadir. Creo que hay material suficiente como para dejar de imputar a otros católicos el estar influenciados por Satanás, o haber caído en la trampa de este. No, al menos, con los argumentos de Juan Suarez Falcó, a quien remití copia del primer artículo, y de quien no he recibido respuesta. Mucho menos cuando plantean preguntas muy legítimas no respondidas por las autoridades de la Iglesia, ni ahora, ni en décadas pasadas.

Algunos, simplemente, mostramos nuestra perplejidad, y la incompatibilidad de muchas de estas propuestas con la Tradición de la Iglesia. Y nos da igual si lo plantea Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco.

No, no han sido unos años maravillosos.

Y no, no podemos hablar de «tradición bimilenaria inmutable» sobre la que Francisco ha puesto sus manos. Al Cardenal Avery Dulles no le importaba reconocerlo.

Capitán Ryder

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