PRINCIPIO DE NO CONTRADICCION

Comento con un amigo la crisis de la Iglesia.

Para mí es un problema de infidelidad, o más concretamente, de ruptura con la Tradición. Esa ruptura que se produce en el Vaticano II en temas como la libertad religiosa o el ecumenismo. De este último hemos hablado sobradamente como para que el lector se haga una idea. Podríamos añadir otros tres evidentes, el abrazo al comunismo, condenado anteriormente como sistema político y filosófico, no sólo por su ateísmo, el gusto por las ideas, digamos, creativas, que surgen de la nueva teología que abanderaron De Lubac, Rahner, Congar o Danielou, entre otros, y la reforma litúrgica.

Señala mi interlocutor, con mucha agudeza: “ese es el problema teológico, pero existe también el filosófico”. Se refiere, en concreto, al abandono del tomismo en el pensamiento católico y a la penetración de otras formas de pensamiento letales para el católico: Ockam, Descartes, Hegel, Compte, Kant y un largo etc.

Efectivamente, si las premisas son erróneas y las guías para llegar a puerto están descacharradas será imposible encontrar la Verdad.

Poniendo un ejemplo muy simple, que cualquiera podamos entender, podríamos referirnos al principio de no contradicción. Ese principio por el que una cosa y su contrario no pueden ser lo mismo, o por el cual una idea contraria a otra no supone un desarrollo armonioso de la primera.

Algo tan simple es incapaz de ser entendido, incluso por los más “eminentes teólogos”, no sé si por mala fe, pero cuyo resultado práctico es el naufragio de toda iniciativa católica, sea en la educación, la cultura o, simplemente, como agarradero para conservar la Fe.

Pondré un par de ejemplos de los últimos días.

Noticia del 3 abril de 2018, protagonista el Cardenal Kasper:

“la ley y los mandamientos de Dios son válidos para siempre, para todas las situaciones, pero todas las situaciones son diferentes y no pueden decirse de todos que viven en adulterio o son pecadores”

“Creo que esta nota que abrió la controversia puede explicarse a la luz de la tradición…”.

La argumentación del Cardenal Kasper, y de Francisco no lo olvidemos, es la siguiente: los mandamientos de Dios son SIEMPRE válidos pero los aplicaremos a veces y, aunque la Iglesia siempre ha negado la comunión a las personas divorciadas vueltas a casar ahora se va a permitir, suponiendo esta forma de actuar una PERFECTA CONTINUIDAD con lo establecido anteriormente.

Es decir, considera que es lo mismo:

Los mandamientos de la Ley de Dios son siempre de obligado cumplimiento vs Son de obligado cumplimiento pero el discernimiento puede permitirnos no cumplirlos.

Siempre se ha negado la comunión a las personas que viven en adulterio vs Hay que dar la comunión a las personas que viven en adulterio.

Noticia del 7 de abril, Cardenal Schonborn

Cuando el periodista preguntó si Schönborn se refería a la ordenación de mujeres como sacerdotes, Schönborn respondió: «como diáconos, sacerdotes, obispos».

«La cuestión de la ordenación [de las mujeres] es una cuestión que, claramente, solo puede ser aclarada por un Concilio”.

Año 1994, el Papa Juan Pablo II señaló en Ordinatio Sacerdotalis, ¡Ojo!, en continuidad con lo establecido en toda la historia de la Iglesia:

«Si bien la doctrina sobre la ordenación sacerdotal, reservada sólo a los hombres, sea conservada por la Tradición constante y universal de la Iglesia, y sea enseñada firmemente por el Magisterio en los documentos más recientes, no obstante, en nuestro tiempo y en diversos lugares se la considera discutible, o incluso se atribuye un valor meramente disciplinar a la decisión de la Iglesia de no admitir a las mujeres a tal ordenación.

Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia».

La Iglesia no puede ordenar mujeres sacerdotes vs La Iglesia puede decidir en un Concilio ordenar mujeres diáconos, sacerdotes y obispos.

Ambas afirmaciones, según este teólogo de referencia para el Papa, son lo mismo.

El Papa del “fin del mundo” no va dejar piedra sobre piedra.

Capitán Ryder

Dos apuntes:

  1. Roberto De Mattei: La causa de dicha crisis no está en el papa Francisco. Es el producto de un proceso de autodemolición que tiene sus raíces en el modernismo, en la Nouvelle théologie, en el Concilio Vaticano II y en la era posconciliar. Sólo un análisis serio de la naturaleza de esta crisis nos permitirá encontrar la situación adecuada, sin olvidar que la situación es tan grave que únicamente una intervención extraordinaria de la Gracia divina la puede remediar.
  2. “Pensando y repensando dentro de mí estas cosas, no dejo de admirarme ante la inmensa locura de algunos hombres, ante la impiedad de su mente cegada y ante la pasión desenfrenada del error, que no les deja satisfechos con una norma de fe tradicional y recibida de la antigüedad, sino que cada día andan buscando cosas nuevas y arden continuamente en deseos de cambiar, de añadir, de quitar algo a la religión. Como si ésta no fuese un dogma celestial, que ya es suficiente que haya sido revelado una vez para siempre; como si fuera una institución humana, que no puede llegar a ser prefecta sino mediante asiduas enmiendas y correcciones”.
  3. ¿Cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, si alguna pequeña parte de la Iglesia se separa de la comunión en la fe universal? -No cabe duda de que deberán anteponer la salud del cuerpo entero a un miembro podrido y contagioso. -Pero, ¿y si se trata de una novedad herética que no está limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia entera? –En tal caso, el cristiano deberá hacer todo lo posible para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por ninguna nueva mentira. Los puntos 2 y 3 “El Conmonitorio”, San Vicente de Lerins, siglo V.

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