PENA DE MUERTE (VIII). CARDENAL LADARIA

Con motivo del cambio operado en el catecismo por Francisco a cuenta de la pena de muerte el Cardenal Ladaria, Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, es decir, el custodio de la Fe católica vió necesario redactar una carta a los obispos.

En dicha carta, en el punto 7 se dice “La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica”.

Queda por aclarar a qué se refiere con lo de “magisterio precedente”, pero si lo comparamos con la Tradición de la Iglesia no se parece en nada, dicho de otro modo, dice exactamente lo contrario.

Nos remitimos a dos artículos, el primero en inglés, del que dejo enlace, y el segundo del Padre Iraburu.

En total sólo 21 citas de catecismos de distintas épocas, Papas varios, Sagrada Escritura, Doctores de la Iglesia etc. Sólo falta ese insigne teólogo de la época actual, el llamado Tucho Fernández, Risas.

Vamos con el primer artículo:

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.(Mt 24:35)

Mantente firme y aférrate a las tradiciones que te enseñaron.(2 Tes.2:15)

Esta miniserie se dedica a catalogar extractos de varias obras catequéticas del pasado, ya que tratan un punto particular de la doctrina católica.

Debido a que Cristo comprometió a su Iglesia con un “cuerpo de doctrina definido, aplicable a todos los tiempos ya todos los hombres”, uno debería esperar no solo décadas, sino siglos de catecismos católicos y manuales teológicos y descubrir un acuerdo armonioso y una continuidad ininterrumpida en todos asuntos de fe y moral.

Y encuentra que uno puede; porque cuando los obispos católicos se extienden por todo el mundo y en el tiempo dan voz unificada a su oficio de enseñanza en catecismos aprobados por ellos, esta es una expresión auténtica del magisterio ordinario universal, un órgano de infalibilidad y un antídoto eficaz en nuestro tiempo contra el idea errónea (desde hace mucho condenada por la Iglesia) de que el dogma puede evolucionar.

De hecho, docenas de catecismos oficiales (y obras de catequesis con aprobación episcopal) que abarcan la mayor parte de un milenio permanecen como monumentos perdurables en sentido contrario.

 

DISTINTOS EJEMPLOS

 

La ejecución de criminales: algunos han sostenido que la matanza de hombres está totalmente prohibida. Ellos creen que los jueces en los tribunales civiles son asesinos, que condenan a los hombres a la muerte de acuerdo con las leyes. Contra esto San Agustín dice que Dios por este Mandamiento no le quita el derecho de matar. Por lo tanto, leemos: “Mataré y haré vivir”. Por lo tanto, es lícito que un juez mate de acuerdo con un mandato de Dios, ya que en esto Dios opera, y toda ley es un mandamiento de Dios: “Por mí reinarán los reyes, y los legisladores decretarán las cosas justas”. Y otra vez: “Porque si haces lo que es malo, teme; porque él no lleva la espada en vano. Porque él es el ministro de Dios. Y así lo que es legal para Dios es lícito para sus ministros cuando actúan según su mandato. Es evidente que Dios, que es el Autor de las leyes, tiene todo el derecho de infligir la muerte a causa del pecado. Porque “la paga del pecado es muerte”. Ni su ministro peca al infligir ese castigo. El sentido, por lo tanto, de “No matarás” es que uno no debe matar por la propia autoridad.

-S t. Instrucciones Catequéticas de Tomás de Aquino (c 1260)

Ejecución de criminales: Otro tipo de homicidio legal pertenece a las autoridades civiles, a quienes se les confía el poder de la vida y la muerte, mediante el ejercicio legal y juicioso del cual castigan a los culpables y protegen a los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de involucrar el crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema a este Mandamiento que prohíbe el asesinato. El fin del Mandamiento es la preservación y la seguridad de la vida humana. Ahora los castigos infligidos por la autoridad civil, que es el vengador legítimo del crimen, tienden naturalmente a este fin, ya que dan seguridad a la vida al reprimir la indignación y la violencia. De aquí estas palabras de David: A la mañana mató a todos los impíos de la tierra, para que corte a todos los que hacen iniquidad de la ciudad del Señor.

– San Pío V Catecismo del concilio de Trento de 1566

¿Cuál es el quinto mandamiento de Dios? No matarás. Eso debe ser entendido: no matarás ni harás daño a ningún hombre en cuerpo o alma sin la sola autoridad. Y, por lo tanto, tanto el Juez de la mancomunidad legalmente mata a los delincuentes, o los castiga físicamente, y el Obispo excomulga legalmente a las personas malvadas o desobedientes, para la preservación de la paz y la tranquilidad en la comunidad y en la Iglesia.

-Fr. Un Catecismo o Doctrina Cristiana de Laurence Vaux (1567)

En el quinto [Mandamiento], se ordena que no matemos a nadie injustamente, ni les hagamos ningún otro daño en su persona: y lo digo injustamente, porque los jueces que condenan a los malhechores hasta la muerte, y los ministerios de justicia, que los mataron, y también soldados en guerra justa, no pequen mientras hieren y matan.

-S t. La doctrina cristiana de Roberto Bellarmino (1597)

¿No es legal matar por cualquier causa? R. Sí, en una guerra justa, o cuando la justicia pública lo requiere: “Porque el magistrado no lleva la espada sin causa” (Rom. 13: 4). Como también en la defensa intachable de nuestra propia vida o la de nuestro vecino inocente, contra un invasor injusto.

-Fr. El despertar de la doctrina cristiana de Henry Tuberville (1649)

¿Es lícito destruir la vida humana? Sí, es lícito, 1. Que la autoridad suprema lo haga en la ejecución de criminales (Rom. 13: 4); y 2. Para otros, en defensa de su país o, cuando sea necesario, para proteger la vida del ataque injusto. [6]

-Fr. El Catecismo completo de la religión católica de Joseph Deharbe (1847)

  1. ¿Es lícito quitarle la vida a otro? R. Sí, es legal: 1. Que la autoridad civil suprema lo haga en la ejecución de criminales. (Rom 13: 4) 2. Para otros, en una guerra justa en defensa de su país, o cuando sea necesario para defender la propia vida de una persona, o la vida de otro, la castidad o la propiedad de gran valor, cuando es injustamente atacada.

-Fr. Explicación familiar de Michael Müller sobre la doctrina cristiana (1874)

La vida humana puede ser tomada legalmente (1) En defensa propia, cuando somos injustamente atacados y no tenemos otro medio de salvar nuestras propias vidas; (2) en una guerra justa, cuando la seguridad o los derechos de la nación lo requieren; (3) por la ejecución legal de un criminal, juzgado justamente y declarado culpable de un delito punible con la muerte cuando la preservación de la ley y el orden y el bien de la comunidad requieren tal ejecución.

-El Catecismo Baltimore No. 3 (1885) de los Obispos de los Estados Unidos.

No es contrario al mandato Divino que el Estado castigue y ejecute a criminales por ciertos crímenes. Así como Dios Todopoderoso otorga a cada individuo humano el derecho de defenderse de un agresor hasta el punto de matarlo, si esto es necesario para una defensa adecuada, un individuo moral, como el Estado Libre Asociado, puede defenderse legalmente de los ataques. de los malvados al infligir la pena de muerte. Los hombres pueden diferir en cuanto a la conveniencia de las penalidades extremas para el fin a la vista; pero el derecho no puede ser cuestionado.

-Fr. Cartas de Francis De Zulueta sobre la Doctrina Cristiana (1897)

Los oficiales de justicia, en la medida en que están en el lugar de Dios, tienen el derecho de condenar a los malvados a la pena capital. San Pablo dice que los poderes superiores no llevan la espada en vano, sino como los vengadores para ejecutar la ira sobre el que hace el mal (Rom 13: 4). La autoridad del magistrado es la autoridad de Dios; cuando él condena a un criminal, no es él quien lo condena, sino Dios, así como la espada no responde por el golpe que golpea, sino la mano que empuña la espada. Sin embargo, el juez no debe actuar arbitrariamente; solo debe sentenciar al criminal hasta la muerte cuando el bienestar de la sociedad lo exija. La sociedad humana es un cuerpo del cual cada individuo es miembro; y como una extremidad enferma tiene que ser amputada para salvar el cuerpo, los criminales deben ser ejecutados para salvar a la sociedad.

-Fr. El Catecismo Explicado de Francis Spirago (1899)

  1. ¿Hay casos en los que es lícito matar? R. Es lícito matar cuando se lucha en una guerra justa; al ejecutar por orden de la Autoridad Suprema una sentencia de muerte en castigo de un crimen; y, finalmente, en casos de defensa necesaria y lícita de la propia vida contra un agresor injusto.

– Compendio de Doctrina Cristiana de San Pío X (1908)

¿Nunca está permitido quitarle la vida a un hombre? Nunca está permitido quitarle la vida a un hombre, a menos que por algún delito haya merecido la muerte. Cuando un hombre a través del crimen merece perder su vida, ¿quién es el único que tiene derecho a privarlo de la vida? Solo la autoridad pública tiene el derecho de hacer esto. ¿De dónde saca la autoridad pública este derecho? Deriva este derecho del deber que le incumbe de velar por el bien común de la sociedad (ibid). ¿El bien común de la sociedad a veces exige que un hombre sea ejecutado? Sí, porque no puede haber otra manera eficiente de poner fin a los crímenes cometidos dentro de la sociedad; o porque el sentimiento público exige tal satisfacción por la expiación de ciertos crímenes que son odiosos y repugnantes.

-Fr. Thomas Pègues Catecismo de la Summa Teologica (1922)

El quinto mandamiento prohíbe todos los homicidios deliberados, peleas, peleas y palabras injuriosas; y también escándalo y mal ejemplo. El asesinato deliberado es uno de los pecados que claman al cielo por venganza. El suicidio, que es auto asesinato, está prohibido por este Mandamiento. También el asesinato deliberado directo de un niño por nacer. Pero no es asesinato cuando el Estado ejecuta a un criminal; tiene el derecho de hacerlo. Tampoco es un asesinato cuando el Estado ordena a sus fuerzas armadas matar al enemigo en una guerra justa. Y uno siempre puede matar en defensa propia, cuando no hay alternativa.

-Poder. El Catecismo de Henry Cafferata, simplemente explicado (1922)

A los casos citados en este artículo se pueden añadir otros que el Padre Iraburu también señala:

Sagrada Escritura

En la alianza que establece Yavé con Noé ya Dios prescribe: «Quien derrame la sangre de un hombre, por otro hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre» (Gén 9,6). «El que hiera a otro mortalmente sea castigado con la muerte» (Ex 21,12; cf. 21,14-15). Esta doctrina se da con frecuencia en la A.T., pero también en el N.T. En el Calvario, San Dimas replica al otro malhechor, refiriéndose a la pena de muerte: «En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el castigo merecido por nuestras obras». Y Jesús le asegura: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,40-43). San Pablo declara ante el tribunal que le juzga: «Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir» (Hch 25,11). Y en otra ocasión: «La autoridad es para ti un ministro de Dios para el bien. Pero si obras el mal, teme, pues lleva espada: está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal» (Rm 13,6). . La misma enseñanza nos da el Señor en un buen número de sus parábolas (p. ej., Lc 19,27).

Padres y doctores de la Iglesia, teólogos y santos

Clemente de Alejandría (+215): «Cuando [la autoridad judicial] considera a alguien que parece incurable, que va por el camino de la extrema injusticia, se preocupa entonces de los otros, para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como amputando una parte del cuerpo entero, lo manda a la muerte» (Stromata).

San Agustín (+430). «Hay excepciones a la prohibición de “no matar”… De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto [del Decálogo] “no matarás” aquellos hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad y ateniéndose a su ley, es decir, según el dictamen de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes» (La Ciudad de Dios lib.I, v.21).

Santo Tomás de Aquino (+1274). «Se prohíbe en el Decálogo el homicidio en cuanto implica injuria… Pero matar a los enemigos de la república no es cosa indebida… ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del Decálogo» (STh I-II, 100, a.8, ad 3m). «Cada parte existe naturalmente para el todo», y eso justifica, «si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano, la amputación de algún miembro»… «Si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, es laudable y saludable quitarle la vida para guardar el bien común» (ib. II-II, 64, a.2).

San Alfonso María de Ligorio (+1787). «A la autoridad pública se le ha dado potestad de matar a los malhechores, no injustamente, sino cuando sea necesario para la defensa del bien común» (Theologia moralis, Dubium II. An et quomodo liceat occidere malefactorem).

Romanos Pontífices

Inocencio III (+1216), exige en la Confesión de fe prescrita a los Valdenses (1208) que reconozcan lícita la pena de muerte, cuando justamente es aplicada (Denz 795).

León XIII (+1903). Tanto la razón como la Revelación divina «prohíben a cualquiera, de modo absoluto, matar o herir a un hombre en ausencia de una razón pública justa» (enc. Pastoralis Oficii, 1881).

Pío XII (+1958). «Está reservado al poder público privar al condenado del “bien” de la vida, en expiación de su falta, después de que por su crimen él se ha desposeído de su “derecho” a la vida» (Disc. 13-IX-1952, n. 28).

He dejado deliberadamente al margen el Catecismo de Juan Pablo II. Lo explicaré en otra entrada.

Alguien debería decirle a este Príncipe de la Iglesia que mentir es algo muy feo.

“El guardián de la Fe” dice, ¡pues estamos apañados!

Capitán Ryder

Those Clarion Catechisms: Death Penalty Far From “Inadmissible”

http://www.infocatolica.com/blog/reforma.php/1808150809-507-la-pena-de-muerte-es-lina#more36424

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *