PENA DE MUERTE (VII). UN CASO REAL

En Los monstruos de la razón, Rino Cammilleri, trae a colación un episodio muy ilustrativo para el tema que estamos tratando. Inspirado en un libro de Joris-Karl Huysmans, dice así

BARBAZUL Y EL MEDIEVO

Fieles en nuestro propósito de detenernos principalmente en los aspectos más curiosos, nos limitaremos a señalar algunos pasajes de Joris-Karl Huysmans relativos al proceso de Gilles de Rais, el feroz “Barbazul” del otoño de la Edad Media.

“Con voz sorda, velada por las lágrimas, relató los raptos de niños, las horrendas insidias, los impulsos infernales, las muertes violentas, los implacables estupros; obsesionado por la visión de sus propias víctimas, describió sus agonías, lentas y rápidas, sus gritos de dolor, sus estertores; confesó haberse envuelto en la elástica tibieza de los intestinos de sus víctimas; reconoció haber abierto corazones como si fuesen frutas maduras…Después, la voz se tornó cada vez más ronca. Llegó a los amores sepulcrales, al suplicio de aquellas pequeñas víctimas a las que acariciaba para poder cortarles el cuello con un beso.

Descendiendo a los detalles, los enumeró todos. El relato fue tan tremendo, tan atroz, que los obispos palidecieron bajo sus capuchas doradas; aquellos sacerdotes templados en el fuego de las confesiones, aquellos jueces que, en tiempos de demonomanías y de homicidios habían escuchado las confesiones más horripilantes, aquellos prelados a los que no podía aterrar ningún delito, ninguna abyección de los sentidos, ninguna suciedad del alma humana, se signaron horrorizados y Jean de Malestrot se levantó y cubrió, por pudor, el rostro de Cristo.

(…)Cuando hubo concluido, las fuerzas le abandonaron. Cayó de rodillas y presa de tremendos sollozos, gritó: “¡Oh Dios mío, oh Redentor, os pido misericordia y perdón!. Después, aquel cruel y altanero barón…se humilló; se volvió hacia el pueblo, y llorando amargamente, dijo: “¡Vosotros, padres de aquellos a quienes yo he dado una muerte tan cruel, dadme, ah, dadme el consuelo de vuestras oraciones!”.

En aquel momento, en su blanco esplendor, el espíritu del Medievo relampagueó en la sala.

Jean de Malestrot dejó sus sitial y alzó al acusado, que, desesperadamente, golpeaba su frente sobre el pavimento; en él desapareció el juez y quedó solo el sacerdote; abrazó al culpable que se arrepentía y lloraba su culpa…La sala entera se puso de rodillas y rezó por el asesino”(1)

Naturalmente Gilles de Rais fue ajusticiado regularmente, a diferencia de los “arrepentidos” de hoy que no sólo se libran de castigo, sino que fuera de la cárcel se ocupan de atenderles cátedras y redacciones prestigiosas, incluso en ambiente católico, en paz y en haz de las víctimas, directas o indirectas. Pero en la edad Media por “perdón” se entendía algo distinto.

  1. Joris-Karl Huysmans, Nell´abisso, Ecig, Génova, 1988, págs 259-261

Notas del Capitán

  1. Queda al lector el determinar qué es mejor para el alma del preso, si la expiación de la culpa a través de la muerte libremente aceptada a la que se estimulaba, por ejemplo, en la época expuesta, o la actual, en la que al preso, además del escaso castigo, se le estimula a participar de la burla a la víctima o víctimas. En España, por ejemplo, ahí están los homenajes a etarras. Misma pregunta para las víctimas ¿estimula o no su resentimiento los constantes cuidados con que ven como son tratados asesinos, terroristas y violadores?
  2. La historia de la salvación es un misterio absolutamente insondable para el ser humano. Gilles de Rais fue uno de los lugartenientes de Juana de Arco, la doncella de Orleans. Juana es algo increíble, un amigo la definía de manera sencilla y profundísima como “un capricho de Dios”. Es así, y Gilles siempre creyó en ella, probablemente, cómo no creyó ningún otro. ¿Qué le llevo a tan horrendos crímenes? ¿Cómo se pasa de idolatrar a una chiquilla y seguirla al campo de batalla a lo descrito anteriormente? Da que pensar, la verdad.

Capitán Ryder

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