ME ENCANTA QUE ME HAGAS ESA PREGUNTA GEORGE…

El pasado 30 de julio Infocatolica, posteriormente se haría eco Infovaticana, publicaba un artículo de George Weigel titulado “Los vándalos saquean Roma…de nuevo”.

El título hace referencia al desmantelamiento del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia.

Me parece un artículo esclarecedor, no por lo que dice, ¡Dios me libre!, sino por lo que calla y por la forma de presentar sus argumentos, viniendo de quien viene.

George Weigel es el típico católico liberal americano, cercanísimo a Juan Pablo II, y especialmente cómodo en ese pontificado abierto a todas las novedades, excepto las de moral.

Para aquellos que consideramos que nuestra Fe es mucho más que una serie de preceptos de moral sexual este tipo de propagandistas católicos nos chirrían bastante.

Hablar de saqueo, como hace Weigel, “Mil seiscientos nueve años después del primer saqueo de Roma por parte de los vándalos…”, es más que llamativo, cuando en estos últimos 50 años, a bote pronto, hemos visto la erradicación de la liturgia católica que llevaba viva, ¿cuánto ponemos George? ¿mil seiscientos años?, el fomento de un ecumenismo ridículo sobre el que ¿cuántos Papas habían escrito contra él George? la reversión de la condena del liberalismo político ¿al menos de Lammenais George? O los coqueteos con el comunismo de Pablo VI y Juan XXIII.

No sé George, me parece, cuando menos, un poco pasadito de rosca.

El caso es que Francisco hace evidente la destrucción del catolicismo porque toca lo poco que quedaba reconocible.

Dicho esto, creo que cualquier análisis exige un mínimo de honradez intelectual, es lo mínimo que ahora podemos darle a Cristo. Han arrastrado a su Esposa sin que hayamos sido conscientes, tal ha sido nuestra torpeza, al menos la mía, pero no realicemos ahora un análisis ventajista para salvar nuestros prejuicios.

Llegados a este punto lo mínimo sería un mínimo interés por buscar la verdad aunque esta sea doloroso, pero ni eso queremos hacer.

Vamos con el análisis del citado artículo

Aquí tenemos una historia que vale la pena repasar para que la destrucción que se ha producido quede más clara.

A pesar de la fijación de los medios en el cliché «progresista/conservador» para analizar el Concilio Vaticano II y los debates que lo siguieron, la verdadera división con consecuencias tras el Concilio (que, como atestiguan varios diarios de teólogos conciliares, empezó a mostrarse durante el tercer y cuarto períodos del Concilio) ha sido entre dos grupos de teólogos reformistas previamente aliados, uno de los cuales parecía decidido a abrazar en su totalidad la modernidad intelectual y sus diversos escepticismos, mientras que el otro trataba de depurar la auténtica reforma católica fundamentando el desarrollo teológico en la tradición viva de la Iglesia. Esta «Guerra de Sucesión Conciliar» no fue una simple pelea entre intelectuales, sino que tuvo consecuencias reales en la vida de la Iglesia católica.

Provocó el nacimiento de la revista de teología internacional Communio como contrapunto a la revista ultra progresista Concilium. Provocó la aparición de Ignatius Press y la gran renovación de la teología anglófona influenciada por Henri de Lubac y Hans Urs von Balthasar. Provocó batallas por el control de las plazas de profesores en los departamentos de teología de todo el mundo. Y después de una década y media de disputa, llevó a la elección de Karol Wojtyla, quien como Juan Pablo II nombraría a Joseph Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Comentario del Capitán: Efectivamente, ambos grupos de teólogos, CONDENADOS por Pío XII, ocuparon el centro del pensamiento católico antes del Concilio Vaticano II, y marcaron el paso a partir de este por obra y gracia entre otros, de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, que forma parte del grupo de la revista Communio.

Es una opinión personal, pero la distinción parecía más bien entre progresistas, Concilium, y progresistas de tránsito lento, Communio. Es cierto que algunos abandonaron su rebeldía inicial, Ratzinger, De Lubac o Von Balthasar, tan cierto como que no renunciaron a muchos de sus postulados ya condenados por Pío XII. Y eso ha impregnado el pensamiento católico de estas décadas.

Es a este grupo al que aupó Juan Pablo II, incluyendo a los germanos Kasper y Lehman.

Irónico que el propio Weigel en su libro “la elección de Dios”, pág 159, sitúe a Kasper y a Lehman en el grupo de los progresistas, cuando ambos salieron de Communio.

En concreto dice en esa página “El discurso dominante, por supuesto, es que no hay candidato progresista porque Juan Pablo II llenó el Colegio de Cardenales de una especie distinta de eclesiásticos. Pero este análisis se derrumba si se hojean las páginas 31 a 96 del Annuario Pontifico y se repara en los nombres de cardenales electores como Danneels, Hamao, Hummes, Husar, Hasper, Lehman, Mahony, Martini, Martino, McCarrick, Murphy-O´Connor, Napier, O´Brien, Poupard, Rodríguez, Schwery y Williams, todos ellos nombrados cardenales por Juan Pablo II, y ninguno de los cuales podría ser considerado “conservador”.

No sé Rick, nombrar a Cardenales que no creen en la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual me parece un plan sin fisuras para conservar dicha moral. Eso sin contar los pederastas que lo integran.

No sé qué opinará Weigel de esto, pues nada dice, pero creo adivinar que Juan Pablo II no tendrá ninguna responsabilidad.

La resistencia al magisterio de Juan Pablo II (un magisterio que fue influenciado, por supuesto, por el entonces cardenal Ratzinger) estuvo profundamente arraigada y fue especialmente agria entre los autodenominados progresistas que habían imaginado que habían ganado la Guerra de Sucesión Conciliar y sin embargo, de repente, se encontraron, después del segundo cónclave de 1978, inmersos en el gran juego de la política eclesiástica, a pesar de que continuaron manteniendo un control férreo en la mayoría de los nombramientos en las facultades de teología y en muchas publicaciones teológicas. La respuesta de Juan Pablo II a esta obstinación recalcitrante y este orgullo intelectual no fue atacarlos de frente, purgando al profesorado progresista de las universidades romanas. Más bien su estrategia fue promover instituciones nuevas y con mayor dinamismo, como la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (actualmente, posiblemente, la más interesante intelectualmente de las escuelas romanas), y crear nuevos institutos de educación superior en las universidades ya existentes.

En ambos casos el objetivo era fomentar una genuina renovación de la teología católica según la mentalidad del Vaticano II, y no según las mentalidades de Immanuel Kant, G.W.F. Hegel, Ludwig Feuerbach y Karl Marx. Al contrario de Gresham, Juan Pablo II confiaba en que la buena moneda, la buena teología, expulsaría finalmente a la mala moneda, ya que esta última estaba hundiendo numerosas vidas humanas y llevando a las personas a la confusión y la miseria.

Nota del Capitán: La teoría económica dice exactamente lo contrario sobre la buena moneda. Lo que propugna esta teoría es que las personas se quedan la buena moneda, porque saben que es la que vale, y usan la mala, por lo que es la buena moneda la que queda reiterada de la circulación.

Teorías económicas al margen, hemos visto, de los escritos del propio Weigel que la manera de hacer frente al progresismo eclesial por parte de Juan Pablo II fue, cuando menos, peculiar, pues consistió en elevar a muchos de ellos al Cardenalato.

Es curioso, la buena teología no ha prevalecido, pero si lo ha hecho el nefasto ejemplo dado por Juan XXIII a la apertura del Concilio. Desde entonces, y si hacemos caso a Weigel, uno de los atributos que van unidos al papado sería el de no hacer frente nunca, bajo ningún concepto, a todos los enemigos internos de la Iglesia.

Luego, la tortilla da la vuelta y los progresistas no se conforman con sus cuotas de poder, lo quieren todo. En dos visiones enfrentadas es lógico que siempre prevalezca la que tiene ganas de pelea.

El Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia fue la pieza clave en este esfuerzo por crear alternativas dinámicas a las enseñanzas del catolicismo light, que se habían vuelto cada vez más rocambolescas cuando Juan Pablo II llegó a la cátedra de Pedro (en los Estados Unidos, por ejemplo, la prestigiosa Sociedad Católica Teológica de América encargó un estudio sobre la sexualidad humana a mediados de la década de 1970 que no condenaba la bestialidad como intrínsecamente mala). Durante sus primeras décadas de trabajo, el Instituto Juan Pablo II hizo exactamente lo que su fundador quería que hiciera: ayudó a fomentar un renacimiento en la teología moral católica, recuperando y desarrollando la tradición de la ética de las virtudes, explorando con cuidado y compasión los a menudo enmarañados problemas relacionados con vivir un amor casto en las distintas vocaciones, y creando un conjunto de teólogos morales en todo el mundo que querían que su trabajo intelectual ayudara a convertir el mundo de la modernidad tardía y la posmodernidad, en lugar de complacer a una modernidad tardía y una posmodernidad que se hundían en la decadencia y la incoherencia.

Así, el Instituto Juan Pablo II en Roma, como centro de varios institutos afiliados en todo el mundo, fue un instrumento clave para profundizar la recepción en toda la Iglesia de la encíclica de Juan Pablo de 1993 sobre la reforma de la vida moral, Veritatis Splendor. Y esta fue la ofensa que aquellos que, para su sorpresa y enojo, estaban perdiendo la Guerra de Sucesión Conciliar, no estaban dispuestos a tolerar. Porque para que su proyecto tuviera algún futuro, Veritatis Splendor y su enseñanza sobre la realidad de los actos intrínsecamente malos tenía que desaparecer.

Así que estos hombres obstinados y, lo vemos ahora, despiadados esperaron que llegara su momento. En los últimos años han continuado perdiendo todos los debates serios sobre la naturaleza de la vida moral, la moralidad de la vida conyugal, la disciplina sacramental y la ética del amor humano, y los más inteligentes entre ellos lo saben, o al menos temen que sea así. Así que, en una extraña repetición de la purga antimodernista de las facultades teológicas que siguió a la encíclica Pascendi de 1907 de Pío X, han decidido abandonar las discusiones teológicas y recurrir a la violencia y la fuerza bruta para ganar lo que no han logrado ganar por el debate y la persuasión académicos.

Nota del Capitán: No sé si Weigel y compañía son conscientes de la confusión que llega a los fieles cuando no es condenado el error. No sólo eso, cuando el error, por ejemplo Kasper, es elevado al Cardenalato.

No deja de ser un relativismo, cuyo mensaje acaba siendo digerido por los fieles de una manera, más o menos, así: “el Papa dice X, que es contrario a Y, pero Y es hecho Cardenal, ¿es tan malo Y si el propio Papa lo quiere a su lado o es algo relativo elegir X o Y?”. Esta es la lectura, letal, que hacen los fieles cuando ven actuar así al Papa, cuando ven a un Obispo predicar contra la doctrina de la Iglesia y, posteriormente es elevado a Cardenal. De ahí a la apostasía sólo hay un paso pero Weigel parece no querer verlo.

¡Qué magnífica obra, crear el Instituto para la Familia y dejar que los estercoleros eclesiales ya existentes lo rodeen!.

No deja de ser otra forma de liberalismo, ¡qué los fieles y sacerdotes elijan la doctrina sobre la familia que les parezca!

Este impropio ajuste de cuentas es la razón por la cual el profesorado de mayor rango del Instituto Juan Pablo II fue despedido abruptamente la semana pasada, y es por eso por lo que no hay ninguna garantía en absoluto de que en el futuro inmediato el Instituto que lleva su nombre tenga alguna semejanza con lo que Juan Pablo II pretendía. El cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán y ex rector de la Pontificia Universidad Lateranense, describió lo que está sucediendo en Roma en estos días como «torpedear» el Instituto Juan Pablo II a través de una «purga» académica. 150 estudiantes del Instituto firmaron una carta diciendo que los cambios en curso destruirán la identidad y la misión del instituto; en las actuales circunstancias romanas, tienen tantas posibilidades de ser escuchados como el mariscal Mikhail Tukhachevsky las tuvo en los juicios de las purgas de Moscú en 1937-38.

Que estos actos estalinistas de bandidaje intelectual contra el patrimonio teológico y pastoral del Papa San Juan Pablo II estén siendo llevados a cabo por el arzobispo Vincenzo Paglia, quien llamó la atención internacional en 2017 por haber encargado un fresco homoerótico para el ábside de la catedral de Terni-Narni-Amelia, es irónico en extremo. Paglia era simplemente un clérigo ambicioso más cuando su trabajo como asesor eclesiástico de la Comunidad de San Egidio llamó la atención de Juan Pablo II. Siguieron años de adulación, durante los cuales Paglia se jactaba de cómo había cambiado al Papa sobre el tema del asesinado arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, al decirle que «Romero no era el obispo de la izquierda, era el obispo de la Iglesia». El nombramiento de Paglia como Gran Canciller del Instituto Juan Pablo II, un puesto para el que no estaba ni está aparentemente cualificado, fue desconcertante cuando sucedió, hace dos años. Pero ahora todo se ve más claro: está actuando precisamente como aquellos que manipularon los Sínodos de 2014, 2015 y 2018, es decir, otra camarilla de clérigos ambiciosos (y, francamente, no tan brillantes) que continuamente pierden las discusiones y luego tratan de revertirlo con brutalidad y amenazas.

¿Hay un solideo rojo en el futuro del arzobispo Paglia? Si es así, será como una recompensa por haberse cargado a profesores con impecables credenciales académicas y probidad personal, profundamente queridos por sus alumnos. Uno se pregunta si el «Gran Canciller Convertido en Lord Ejecutor» del Instituto Juan Pablo II ha leído alguna vez «Un hombre para la eternidad» y la respuesta devastadora de Tomás Moro a la traición del burócrata Richard Rich: ¿Por qué Richard? Al hombre no le sirve de nada dar su alma por todo el mundo… ¿pero por Gales?»

Nota del Capitán: Paglia, hecho obispo por Juan Pablo II y Presidente del Pontifico Consejo para la Familia por Benedicto XVI en 2012.

Ya que habla de las purgas de Stalin una anécdota histórica. Uno de los ejecutados aquellos días, no recuerdo el nombre, después de haber confesado tras una tortura terrible dijo a sus carceleros “decidle a Stalin que muero con su nombre en los labios”.

Parece que, algunos católicos, como Weigel, se comportan igual, morirán sin que sus labios pronuncien el nombre de aquel que saquea Roma. Paglia por aquí, Paglia por allí pero ¿quién lo puso allí? ¿quién le ha permitido hacer y deshacer? ¿Qué elementos tenemos para decir que Paglia actúa por libre a espaldas del Papa Francisco? Hablaba al principio de tener la mínima decencia/honradez intelectual. Hablar del destrozo del Juan Pablo II sin nombrar a Francisco habla tan mal de Weigel como de aquellos a los que critica, pues sabe que es mentira lo que dice(1).

Cuando sucedió el acuerdo Chico-Vaticano y el Cardenal Zen, previamente recibido por Francisco, disparó contra Parolin, pues creía que este engañaba al Papa, fue puesto inmediatamente en su sitio por el propio Papa: “nada de lo que se hace es mis espalda, es más, se viene a realizar aquello que quiero”, fueron más o menos las palabras de Francisco. Ese fue, al menos, el sentido.

Puedo imaginar el dolor del Cardenal Zen, que no sólo había sido traicionado sino engañado.

Por eso George sólo te pido un poco de honradez, de verdades a medias ya estamos más que cansados.

Así es la atmósfera romana en estos momentos: sulfurosa, febril y extremadamente desagradable, aliñada con un tufillo a pánico. Esta no es la forma en que se comportan las personas que consideran que su control es sólido y que creen que seguirá siendo así. ¿Temen por el futuro aquellos a quienes les gusta imaginar que han ganado la última escaramuza de la Guerra de Sucesión Conciliar? Deberían. Porque, como bien sabía Juan Pablo II, la verdad siempre triunfará, sin importar el tiempo que tarde, porque el error no tiene vida y anquilosa.

Capitán Ryder

  1. Sí es rasgo exclusivo del papado de Francisco la arbitrariedad con la que se cesa, se aparta, se margina a aquellos que no son de su agrado.

NOTA 1. Hay que decir que la “fe” de los progresistas es mayor que la de los conservadores. Cuando vienen mal dadas los progresistas se aferran a sus ideas más que nunca, desafían al Papa y pones cientos de minas en su camino. Los conservadores, cuando vienen mal dadas, se empeñan en ver como blanco lo que, evidentemente, es negro. Así, dejan indefensa a la esposa de Cristo, allá cada cual. Debería ser suficiente, tan formados ellos, saber que sobre la mentira no puede edificarse nada.

Y es una mentira, grosera, interpretar Los Amores de Leticia, a la luz de la Tradición cuando su propio protagonista dice que no esa la interpretación.

NOTA HUMORISTICA: Pág 151, de La elección de Dios de George Weigel. Habla del Cónclave que eligió a Benedicto XVI y dice

“los candidatos de primer nivel…y el cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.J., arzobispo de Buenos Aires”.

“Bergoglio causó una gran impresión en el Sínodo de 2001 como un hombre de profunda piedad y gran inteligencia; muchos italianos le consideran italiano; y ha hecho un buen trabajo en Buenos Aires combinado sofisticación teológica, saber hacer político y genuina humildad (acude a sus compromisos en transporte público). El hecho de que fuese perseguido en Argentina por sus hermanos jesuitas, que le consideraban demasiado ortodoxo, podría disipar las reticencias hacia la posibilidad de elegir el primer papa jesuita de la historia”.

Y en la página 160 dice

“la fuente de esta calumnia (contra Bergoglio) no estuvo inicialmente clara, pero jesuitas bien dispuestos hacia Bergoglio especularon abiertamente sobre la posibilidad de que hubieran sido precisamente algunos hermanos jesuitas los que habían puesto en marcha la historia. Y de hecho, se ha hablado mucho toda la semana de las señales de oposición a Bergoglio procedente del cuartel general de los jesuitas en el Borgo Stanto Spirito, lo cual, de ser verdad, parecería indicar que la dirección actual de los jesuitas no está en absoluto interesada en la elección de un papa jesuita, del que saben que alberga una gran preocupación respecto a la dirección de la Compañía”.

Dos magníficas piezas de humor de George Weigel. Espero que el resto de lo que escribe guarde más cercanía con la realidad.

2 Comments

  1. Muy bueno. Pero me permito sugerirle que use letra de distinto color o alguna otra marca tipográfica para distinguir claramente el texto de Weigel de los comentarios que hace usted. Se echa de menos sobre todo cuando acaban sus apostillas y vuelve a hablar don George, sin que nada se lo indique al lector.

    1. Creo que tiene toda la razón.

      En algunos casos he puesto «nota del capitán» pero en otros no se ve claramente cuando pasa del contenido del artículo a lo que yo comento.

      Intentaré corregirlo en próximos artículos y que las prisas no me jueguen una mala pasada.

      Gracias por la sugerencia.

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