MARX-DARWIN. PARA TERMINAR.

Una última entrada para hacernos una idea de la mente, al menos la principal, que alumbró el comunismo.

Cuando se leen estas cosas se entiende mucho mejor las motivaciones de estos personajes a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, y porque siempre empiezan y terminan igual, con ríos de sangre.

Los monstruos de la razón, Rino Cammilleri

Moses Hess, el hombre que había contribuido a llevar a Marx por la vía del comunismo, era también un encarnizado defensor de un sionismo revolucionario de tipo racista.

Resulta muy clara la influencia que tiene en él la obra de Darwin. Incluso Marx se sintió fascinado por los escritos del evolucionista inglés y en ese sentido escribía a Lasalle. Parece que incluso Stalin se dejó impresionar por Darwin hasta el punto de que parece que éste fue uno de los motivos por los que dejó el seminario(1).

Apenas se han estudiado las relaciones existentes entre racismo biológico y darwinismo. Y sin embargo, existen. Y no sólo en el subconsciente de los pensadores modernos de capital importancia, influidos por el darwinismo, como Marx y Freud.

El darwinismo más radical ha concedido durante mucho tiempo una enorme importancia al estudio de la capacidad craneal de los distintos pueblos. Según esto, los europeos tienen una capacidad craneal superior a la de las razas negroides, y los bosquimanos tienen un cerebro parangonable, desde este punto de vista, al del sinántropo.

Si esto es verdad, y por lo mismo, las razas son especies en vías de formación, la consecuencia no puede ser otra que el racismo. Según la teoría darwiniana, cuando una especie se ramifica, no todos los troncos que llegan a formarse tienen la misma capacidad evolutiva; junto a razas destinadas a evolucionar hay otras que permanecerán estacionarias y otras, incluso, que retrocederán hasta extinguirse.

La raza europoide es la raza que ha triunfado en la selección natural y se presenta como la mejor dotada para una transformación en sentido evolutivo, a condición de que se eviten cruces con razas degenerativas. En este orden de ideas, planteado por el darwinismo, podríamos decir que el nazismo fue rigurosamente darwinista; sin embargo, ningún darwinista actual pensaría jamás en admitir como lógica esta consecuencia. Pero entonces se llega a la conclusión paradójica de considerar válido el criterio de la capacidad craneal para los pueblos prehistóricos y en cambio negarle todo su valor referido a las razas actuales.

Pero negar en bloque el evolucionismo minaría las bases de toda concepción materialista; quizá por esto muchos evolucionistas contemporáneos han preferido encaminarse por las vías de la genética. Pero incluso en este campo, sin embargo, se encuentran empantanados.

  1. El gran público no conoce la infancia de Stalin. Vale la pena hablar de ella. Era hijo ilegítimo de un propietario de tierras y de una sierva. El padre pagó a un zapatero remendón para que asumiera su paternidad, pero la gente conocía la verdad y fue siempre zaherido como bastardo. Cuando el verdadero padre fue asesinado, las sospechas recayeron sobre el adolescente Iosif Visarionovich, pero nunca se encontraron pruebas contra él. Tras abandonar el seminario, comenzó a frecuentar los círculos revolucionarios y aquí se enamoró de una compañera, Galina. Para procurar dinero al movimiento revolucionario, se acordó que Galina se convirtiese en amante de un ricachón y Stalin votó a favor de esta propuesta. Galina se cortó las venas. Siempre en beneficio del partido, Stalin cometió robos y se convirtió en falso informador de la Policía zarista. Sus primeros seudónimos como revolucionario fueron Demonoschwil (demoníaco, en georgiano) y Besoschwili (diabólico, en ruso)

Capitán Ryder

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