MALACHI MARTIN. EL ULTIMO PAPA (Y III)

Última parte

Hice otra visita a Sue poco después de esto. Fue relativamente breve porque estaba claro que no permitiría que nada la desviara del curso elegido. Le dije francamente en ese momento que sus acciones no solo habían arruinado cinco vidas, causado angustia a familiares y amigos, causado escándalo a innumerables personas, sino que también tendrían su propia retribución especial en este mundo. Esa retribución, dije, vendría del fr. Martín. Él no la amaba porque ese hombre era incapaz de amar. Él no se casaría con ella porque era un demonio, no un tonto. Ella dijo que se arriesgaría. “Este es el camino de una adúltera: come, se limpia la boca y dice: No he hecho nada malo ” (Prov. 30,20).

La pregunta a considerar ahora es fundamental e ineludible. ¿Fue Susan Mulcahey físicamente madura en el momento de su matrimonio con Bob Kaiser para dar el consentimiento de un adulto a ese vínculo matrimonial? La pregunta podría responderse fácilmente si tuviéramos el testimonio de un psiquiatra que tuvo la oportunidad de analizar a Sue en ese momento. Sin embargo, no se sometió a dicho análisis y, por lo tanto, no tenemos ningún testimonio médico relevante. No obstante, no creo que esta falta impida una mayor consideración del caso por parte de un tribunal de la Iglesia.

El juicio de un psiquiatra sobre la madurez de Sue en el momento de su matrimonio hubiera dependido en su mayor parte de lo que Sue le contase sobre los fenómenos de su vida psíquica en ese momento. Pero estos fenómenos son estados fluidos que pueden o no ser significativos. Su significado real depende de si finalmente se traducen o no en actos manifiestos. Es solo en actos o eventos que una persona revela su ser interior y nos dice lo que realmente es.

Por ejemplo, a partir de lo que se revela en el análisis, el psiquiatra puede emitir el juicio de que esta persona tiene tendencias suicidas. Pero no pudo asegurar que una persona se suicidaría algún día. Muchas personas con tendencias suicidas nunca se suicidan. Por el contrario, sin embargo, sabemos que una persona que se suicida ciertamente ha tenido tendencias suicidas. Podemos conocer las semillas del pasado en los frutos del presente. Aunque ciertamente no podemos leer el futuro en el presente, podemos leer con certeza el pasado en el presente.

El sentido común es mejor guía que la psiquiatría. Aprendemos lo que las personas son de lo que hacen. Esta verdad está consagrada en innumerables proverbios y axiomas: “guapo, es tan guapo” “acciones hablan más fuerte que palabras” “conocemos un árbol por su fruto” “soy lo que hago”. Las acciones de una persona revelan su carácter, su personalidad. Podemos utilizar estas acciones para hacer una predicción probable, una suposición adecuada, sobre lo que esta persona podría hacer en el futuro. Por otro lado, sin embargo, podemos leer con certeza el pasado de una persona, especialmente su pasado reciente, de sus acciones. Podemos decir lo que es ahora y lo que ha sido en el pasado por lo que ha hecho ahora. La persona con tendencias suicidas puede o no suicidarse; la persona que se suicida ciertamente ha tenido tendencias suicidas.

Tal es el caso de Susan Mulcaney Kaiser. Podemos decir cuál fue su ser real en el momento de su matrimonio con Bob Kaiser de lo que hizo al principio de su vida de casada. Tres años después de su matrimonio, mientras todavía estaba embarazada de su segundo hijo, mantuvo una larga relación amorosa con un sacerdote jesuita y, de repente y sin previo aviso, huyó a los Estados Unidos, se escondió de su esposo en Nevada mientras obtenía un divorcio fácil y justificó todo esto sobre la base de que su esposo era maritalmente inadecuado y mentalmente deficiente. A esta fecha, más de dos años después de que todo esto comenzase, ella no ha dado la más mínima señal de pesar o arrepentimiento. A partir de estos actos inmaduros de Sue Kaiser (para poner el asunto en su luz más caritativa) podemos concluir con certeza que tenía un estado de inmadurez en su personalidad y carácter.

Es importante tomar nota de la acumulación de circunstancias en este caso. Estas muchas acumulaciones son el punto decisivo que impulsa la sentencia sobre Sue Kaiser como demasiado inmadura ( por utilizar otra vez esta palabra para referirse a su carácter) en el momento de su matrimonio al dar su consentimiento a Bob Kaiser. Su traición a ese contrato no se limitó a un solo acto de infidelidad, o incluso a varios actos similares, a los que ella sucumbió en un momento o período de debilidad y de los que luego se arrepintió. Eso hubiera sido triste, pero no nos hubiera contado más que el simple hecho de que Sue era un ser humano débil. Lo que ella hizo fue totalmente diferente porque ella traicionó y renunció a su contrato de matrimonio por completo, absoluta y finalmente. El suyo no era un acto de traición, sino un estado de traición que podría haber procedido solo de una personalidad persistente e inmadura. Ella ha actuado como una niña irresponsable porque siempre ha sido una niña irresponsable. Ella nunca logró la adultez responsable.

Sue Kaiser tenía una buena familia, un hogar feliz, una vida muy cómoda; ella estuvo bien tratada en Roma, principalmente porque tenía un esposo que era devoto, generoso, inteligente e influyente; ella podría esperar un futuro brillante y seguro. Pero ella tiró todo esto. Ella engañó a su esposo, tuvo una aventura amorosa con un sacerdote jesuita, abruptamente abandonó su hogar y esposo, se mostró cruelmente indiferente al bienestar de sus hijos, obtuvo un divorcio escondido, hizo planes para casarse con este sacerdote, le dio la espalda fríamente y con desdén a su familia, su religión y su vínculo matrimonial. Todo esto tuvo lugar durante un período de dos años y poco después del tercer aniversario de su matrimonio con Bob Kaiser.

Todas estas circunstancias juntas suman de manera concluyente y segura el hecho de que Sue Kaiser no tenía simplemente un carácter débil o un lapso momentáneo de virtud, sino más bien una personalidad que nunca había madurado y una inmadurez psicológica. Cualquier mujer que haría lo que hizo, en la sustancia y la manera y el momento de sus acciones, indicaría claramente y con certeza por estas acciones que ella había sido psíquicamente incapaz de dar el consentimiento adecuado y maduro requerido para la validez de su original contrato matrimonial. Las acciones de Susan Mulcahey no provenían de una debilidad temporal en su carácter sino de un estado psicopatológico en su personalidad que la hacía incapaz de celebrar un contrato de matrimonio con Robert Kaiser con ese tipo de consentimiento requerido para la validez de tal contrato.

Tengo el honor de ser, su excelencia

Sinceramente tuyo en Cristo

William Van Etteb Casey S.J.

Profesor de teología

Notas del Capitán

(1) Los errores en la traducción son cosa mía, tengo un nivel deplorable, pero creo que se entiende.

(2) Me comenta mi amigo que hay otro documento, del mismo tenor, firmado por John Courtney Murray S.J que afirma que Bob Káiser padece algún tipo de trastorno. Dicho documento no cambia nada en lo relativo al comportamiento del entonces padre Martín.

(3) Ya que el Indice fue eliminado haría bien la Iglesia en insistir en la virtud de la prudencia. No sólo hay que tener cuidado con las lecturas escogidas sino con la conclusión que se saca de ellas.

Capitán Ryder

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