MALACHI MARTIN. EL ULTIMO PAPA (I)

Suele coincidir que, en épocas convulsas, hay una querencia exagerada por las profecías, revelaciones o visiones que ha tenido este o aquel Santo, o que están explicitadas en la Escritura.

El problema con estas cosas es doble. Por un lado, retorcer la profecía para que se adapte a lo que ya tenemos decidido de antemano y, por otro, asignar el título de profeta a quien no lo es.

Un autor rescatado estos días, y al que se le quieren otorgar unas credenciales que no debería tener es Malachi Martín, ya fallecido.

Profesó en los jesuitas, fue Secretario del Cardenal Bea, abandonó los jesuitas tras el Concilio Vaticano II y escribió libros de bastante éxito sobre lo que sucede en los bastidores de la Iglesia. Muchas personas dan credibilidad a lo proclamado por él mismo sobre su conocimiento del 3er secreto de Fátima(1).

Entre los libros más conocidos está el traducido al español como “El último Papa”, escrito que viene al pelo para los que quieren ligar lo descrito en el mismo con el papado actual.

Adelanto que no me leído ninguno de los libros de M.Martín. Tampoco puede afirmar si lo que cuenta en ellos es verdad o no, pero advierto simplemente del peligro de dejarnos guiar por según qué cosas o personas.

Es cierto que los tiempos no son fáciles, ¡cuáles lo han sido!, pero flaco favor nos haremos, a nosotros y a la Iglesia, si nos transformamos en unos frikis de la Fe.

Sin más, creo relevante conocer la historia personal del Padre Martín para rebajar algunos entusiasmos. Mi agradecimiento, de todo corazón, al amigo que me ha hecho llegar la información.

Advierto, serán 3 entradas.

COLLEGE OF THE HOLY CROSS

Worchester, Massachusetts 01610

1 de noviembre 1965

The Most Reverend H.E.Cardinale, D.D., J.C.D.

Apostolic Delegate in Great Britain

Your Excellency:

Es mi juicio considerado, hecho después de mucha oración y reflexión, que debo darle la información que tengo sobre el matrimonio y el divorcio civil de Robert Kaiser y Susan Mulcahey Káiser. También estoy presentando mis propias observaciones y conclusiones sobre la relevancia de esta información para la validez del consentimiento original de Susan Mulcahey para su matrimonio con Robert Kaiser.

En mayo de 1963, a mi regreso de un año en el Medio Oriente, tuve la oportunidad de renovar y profundizar mi amistad con el Sr. y la Sra. Robert B. Kaiser que vivían en Roma. Conocí a Rob y Sue un año antes e inmediatamente entablamos una amistad que se mantuvo viva por correspondencia durante el año siguiente. Cuando vine a Roma, pude verlos todos los días por un período de tres semanas y nuestra amistad se hizo muy estrecha. Bob y Sue llevaban casados ​​tres años, ya tenían un hijo y esperaban un segundo en agosto.

Mi impresión de Sue en ese momento fue en general favorable, pero con reservas. Estas reservas se centraron en su inmadurez. Ella era una chica joven con cualidades similares a las de los jóvenes: espontaneidad, naturalidad, inestabilidad y volatilidad. Inconscientemente, tendía a pensar en ella como una niña-novia que de alguna manera había caído en una vida que estaba más allá de ella (que le superaba, podíamos decir también). Otra persona que la conocía mejor y desde hace más tiempo aparentemente había hecho este mismo juicio. En la cena, una noche, cuando su madre y su padre estaban presentes con otros invitados, ella se inclinó y me susurró: “Madre, ya sabes, nunca pensará en mí como en otra cosa que su pequeña niña. Todavía me trata como si no hubiera crecido”.

Su ingenuidad se puso de manifiesto en su intento de copiar a su marido en su trabajo. Me divirtió verla luchando por escribir ocasionalmente una columna sobre el Concilio Vaticano para una revista católica en los Estados Unidos. Fue una imitación tan obvia de su marido que no pude evitar pensar en una hija muy pequeña que imitaba y competía con su padre.

La fuente de sus noticias para estas columnas fue el Padre Malachi Martin S.J, algo que era muy evidente en ese momento. El padre era especialmente amigable con Sue e hizo un obvio esfuerzo para ganarse el favor de ella y reforzar su ego. Mientras Bob estaba trabajando en su oficina, el p. Martin y Sue tenían largas conversaciones telefónicas, a menudo dos o tres veces al día. Ella siempre se refirió al P. Martin como “Mal” o “Malachi”. El P. Martin podía ser ingenioso, encantador y amable, pero pensé que el grado y la clase de atención que le estaba dando a Sue podía ser peligrosa para una chica joven e impresionable. También pensé que ella era imprudente y demasiado amistosa en sus relaciones con el padre Martín. Pero más allá de este juicio de la inmadurez de Sue y la imprudencia del padre Martin, entonces no sospeché nada más siniestro.

El invierno siguiente, me enteré por boca de Bob que estaba teniendo serios problemas con Sue y que él me lo contaría en su camino hacia su nueva destino en Los Ángeles. Me encontré con él en Nueva York en abril de 1964, y él me dio la noticia sobre el romance entre el padre Martin y Sue. También me dijo que unas pocas semanas antes de su partida de Roma, repentinamente y sin previo aviso se había marchado a los Estados Unidos con los niños y no había dejado ninguna palabra sobre su propósito, su destino o su dirección. Era una historia increíble, pero como Bob siguió contando todos los detalles, me pareció que lo propio era creerle. El patrón de relaciones inocuo que noté entre el padre Martin y Sue en Roma ahora demostraron ser una locura. Eclesiastés nos recuerda que “las mentes de los hombres están llenas de maldad y la locura está en sus corazones mientras viven”, pero nunca conocemos realmente las profundidades de ese mal y esa locura hasta que nos son reveladas.

Un mes después, Bob me llamó para decirme que había localizado a su esposa e hijos en Boulder City, Nevada, donde Sue estaba viviendo el breve tiempo de residencia requerido para el divorcio, en un estado donde es más fácil divorciarse que obtener una licencia de pesca. El me dio su dirección y decidí llamarla por mi propia iniciativa. Fue una llamada larga y costosa, durante la cual Sue hizo la mayor parte de la conversación mientras balbuceaba sobre la incapacidad de matrimonio de Bob y su personalidad paranoica. De acuerdo con su historia, Bob tenía unos patrones mentales tan malos que se había vuelto imposible de tratar y de vivir y, por lo tanto, la única solución era el divorcio. Su conversación estaba llena de jerga psiquiátrica y, conociendo su nivel intelectual y su sugestionabilidad, escuché la voz de Sue Kaiser, pero reconocí las palabras del p. Malachi Martin. Pero ella no lo mencionó y yo tampoco. El largo monólogo terminó cuando le dije que visitaría a mi amiga en camino a California el mes próximo.

(1) El Padre Malachi Martín decía conocer el 3er secreto de Fátima pero que no podía revelarlo porque había hecho un juramento. Me cuesta creerlo, pero no tengo datos que puedan afirmarlo o desmentirlo. El hecho de ser un jesuita infiel no implica que lo que diga o escriba tenga que ser necesariamente heterodoxo, simplemente advierto de la necesidad de ser prudente. Especialmente es tiempos revueltos.

Sí disminuye su credibilidad el silencio sobre este episodio de su vida. Cuando mientes una vez puedes hacerlo más veces. De hecho, es tal el desconocimiento sobre lo que contamos, que en muchos medios católicos se presenta su abandono de la Compañía de Jesús como algo sucedido como reacción a lo ocurrido en el post-Concilio. Sería una especie de víctima de la marejada post-conciliar.

También disminuye su credibilidad el cinismo, la maldad, descrita en este episodio.

Capitán Ryder

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