LA ASAMBLEA QUE CONDENO A CRISTO (II)

La primera parte del libro está dedicada a establecer el contexto histórico en el que se produce la condena de Jesús. También, y mucho más importante, a señalar las profecías, tan bien conocidas por quienes habían de juzgarle, y que fueron desoídas a pesar de las evidencias.

Estas profecías estaban muy presentes en la vida del pueblo judío, sin embargo, cuando las tuvieron delante fueron rechazadas de la forma tan violenta que conocemos.

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Capítulo primero

De todas las asambleas cuya responsabilidad ha perdurado en la historia, sobre una pesa una responsabilidad excepcional: la que presidió los últimos días de vida nacional del pueblo judío. Fue ella la que juzgó y condenó a Jesucristo. Lleva en la historia un nombre especial: se la denomina sanedrín.

El valor de una asamblea se pone de manifiesto de dos formas: en primer lugar, estudiando las personas que la forman; y después, estudiando los actos que realiza. Por lo cual, para valorar la alta asamblea judía de tiempos de Jesucristo, nos hará falta tratar sucesivamente dos cuestiones; en primer lugar, examinar el valor, como personas, de los miembros que la componían; en segundo lugar, examinar el valor, ante el derecho hebraico, de su proceso contra Jesucristo.

Composición del sanedrín

El sanedrín era el Tribunal Supremo de los judíos. Aparece por primera vez entre los años 170 y 106 antes de Cristo. Sanedrín significa reunión de personas sentadas.

Estaba compuesto por setenta y un miembros, incluidos los presidentes. Se distribuían en tres cámaras: la cámara de los sacerdotes, la de los escribas y doctores, y la cámara de los ancianos, cada una de ellas compuesta normalmente por veintitrés miembros, lo cual, con los presidentes hacía un total de setenta y uno.

La cámara de los sacerdotes, como su nombre indica, sólo estaba compuesta por personas con rango sacerdotal. La cámara de los escribas incluía a los levitas y a los laicos particularmente versados en el conocimiento de la ley. La cámara de los ancianos estaba formada por los personajes más notables de la nación. Había, además, dos presidentes.

Al sanedrín se remitían a examen las dificultades principales en materia de justicia, doctrina o administración. Es importante señalar una restricción extremadamente importante que el sanedrín se había impuesto a sí mismo en su derecho sobre la vida y la muerte: sólo había una sala en Jerusalén sonde se podía pronunciar la pena capital. Se llamaba sala de las piedras de sillería. Estaba situada en una de las dependencias del templo. Se le había dado el nombre de sala de las piedras de sillería, porque había sido construida con piedras cuadradas y bien pulidas, lo cual constituía en Jerusalén un lujo considerable.

La tradición judía es unánime en afirmar que era ahí, y sólo ahí, donde se podía dictar legalmente una pena capital, y toda sentencia pronunciada fuera de esa sala era de hecho nula.

Pero un hecho notable había sucedido veintitrés años antes del proceso de Jesucristo y es que el sanedrín había perdido el derecho de condenar a muerte. Este hecho se produjo tras ser depuesto el rey Aquelao, hijo y sucesor de Herodes, el año once de Jesucristo. Judea había sido reducida a provincia romana, y los procuradores, que gobernaban en nombre del emperador Augusto, habían quitado al sanedrín el derecho soberano de vida y muerte, para ejercerlo ellos mismos. Toda provincia adherida al Imperio debía someterse a esto. El sanedrín seguía conservando el poder de excomulgar, encarcelar o flagelar, pero carecía ya del derecho de sentenciar a muerte.

El mismo Talmud se ve forzado a confesarlo: “unos cuarenta años antes de la destrucción del templo, le fue arrebatado a los judíos el derecho de dictar sentencia capital”.

Pero la nación judía nunca lo ha reconocido, incluso ha inventado explicaciones para justificarlo. Por ejemplo, dicen que los miembros del sanedrín habrían tomado la resolución de no dictar ninguna sentencia capital mientras el suelo de Judea estuviese en poder de los romanos, y la vida de los hijos de Israel amenazada por ellos.

¿Cuál es la causa de esta obstinación? Todos los pueblos conquistados por Roma se vieron desposeídos de este derecho y ninguno tuvo nunca dificultad en reconocer dicha humillación. ¿Por qué el pueblo judío es el único en no admitirlo?

La explicación es que, con la desaparición de ese poder soberano, el tiempo fijado por la profecía de Jacob para la venida del Mesías se revelaba como definitivamente cumplido. Ahora bien, como la Sinagoga rechazaba reconocer al Mesías en la persona de Jesús de Nazaret, se esforzaba por impedir el cumplimiento de la famosa profecía. No dudaba, con ese fin, en aferrarse de todas las formas posibles, ya sea a ojos de los romanos, ya sea ante la posteridad, a ese derecho sobre la vida y la muerte, cuya supresión era la señal providencial de la venida del Mesías.

¿Qué decía esa profecía?

Jacob se hallaba en el lecho de muerte. Sus doce hijos, reunidos en torno a él, recibían, cada uno según su rango, las bendiciones proféticas que Dios le inspiraba. Pero cuando llegó a Judá, el anciano se sirvió del acento más sublime: “a ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano en la cerviz de tus enemigos, se inclinarán ante ti los hijos de tu padre. Eres cachorro de león, Judá; has subido de la presa, hijo mío. Se ha agazapado, se ha echado como león, y cual una leona, ¿quién le hará levantar? No se retirará de Judá el cetro ni la bengala de entre sus pies hasta que venga Aquél a quien pertenece y a quien deben los pueblos obediencia” (Gén. 49, 8-10). Tal es la profecía de Jacob. Una voz unánime reconoce durante toda la antigüedad judía que se refiere al Mesías.

Ahora bien, según ella, dos signos deben preceder a la venida del Mesías y mantener despiertos los espíritus: la pérdida del cetro y la supresión del poder judicial.

Pues bien, en la época de la conquista romana hacía ya tiempo que el cetro o poder real había desaparecido de Judá, pues tras el regreso de la cautividad, es decir, después de más de cuatrocientos años, ninguno de los descendientes de David había vuelto a ostentar el cetro. En consecuencia, el primer signo, la supresión del cetro en Judá, estaba ya visiblemente cumplido. Quedaba el segundo, la pérdida del poder judicial, y he aquí que se estaba verificando. En efecto, una vez suprimido por los romanos el derecho de dictar sentencia capital, ya no había verdadero legislador en los pies de Judá.

Capitán Ryder

3 Comments

  1. Tengo el libro y lo he leído más de una vez, pero se centra en la trama judía para buscar la nulidad del proceso y lo cierto es que no hay ningún proceso judío. Lo que se produjo fue una conspiración por parte de las autoridades y comerciantes del a los que Jesús afrontó públicamente. Lo único que hizo el Sanedrín fue formular la acusación pero el juicio fue romano. Si quiere ver otra perspectiva lea mi libro “La decisión de Pilato” de venta en internet

    1. Buenas noches Rostroazul, disculpa la tardanza en contestar, han sido días complicados.
      No tenía ni idea pero tu libro lo tengo en lista de espera. Ya cuando lo publicaste seguí las críticas, comentarios etc. Me parecía un punto de vista realmente interesante.
      Ahora no lo demoraré más.
      Es curioso como algunos temas parecen agotados y siempre se puede profundizar más y los esquemas que tenemos se hacen añicos.
      Yo creo que los hermanos Lehman querían poner de manifiesto que tenían al Mesías delante y lo sabían. Al mensos muchos de ellos. No sólo eso, sino que estaban dispuestos a pasar por encima de lo que fuese para condenarle.

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