ELECCIONES EN ESPAÑA (II). RUBALCABA

En la primera entrada sobre este tema comenté la podredumbre moral en la que se mueve el país, explicación de todo lo demás, incluida la situación política.

Por si había alguna duda el fallecimiento del Ex-Ministro Alfredo Pérez Rubalcaba las despejó todas.

En tiempos más sobrios, lejos de la «sofisticación» actual, se hubiese hecho lo que corresponde: una oración por el alma del difunto y dejar las alabanzas, que exigían mentir, a un lado.

Pero el mundo moderno se mueve entre el sentimentalismo y la mentira, no hay otra posibilidad, es incapaz de una búsqueda sincera de la verdad. Por lo que ha sucedido lo esperado, la beatificación laica levantada sobre un Himalaya de mentiras (1).

Hemos comentado las similitudes entre el mundo moderno y la Iglesia. O más ajustadamente, la copia que el mundo moderno hace de esa institución a la que tanto dice odiar. Lo vívido estos días es lo más parecido a un «santo súbito».

El caso es que sólo algunos periodistas, pocos, y ningún político se han salido del carril. Casi todos lo han definido un «hombre de estado».

Ignacio Ruiz Quintano, uno de los pocos que merece la pena leer dice en su Twitter

Si la idea de Estado es Rubalcaba, España no necesita más explicaciones

Y Carlos Esteban comenta a su vez

Cuántos tiranos del pasado hubieran soñado con un rebaño tan dócil.

No han sido los únicos, pero el resto parece añorar, entre otras, las siguientes acciones o palabras que nos legó el fallecido:

  • Durante el tiempo que ejerció sus funciones se hizo público un sistema de espionaje de las comunicaciones.
  • Dos días después del asesinato de 200 personas convocó una rueda de prensa para dar un empujoncito a las elecciones del día siguiente. Ya saben, aquel «España no merece un gobierno que les mienta». Han pasado 15 años y nadie sabría decir quienes cometieron el atentado.
  • Alguien del Ministerio del Interior dio un chivatazo al grupo terrorista ETA para evitar la desarticulación de su red de extorsión. Rubalcaba impidió que fuesen juzgados. En ese momento, el gobierno estaba negociando con ETA y mientras una parte de la policía perseguía al grupo terrorista, la otra, de la mano de Rubalcaba, colaboraba con ella. Debió ser muy estimulante para las personas que en ese momento estaban siendo extorsionadas saber que el Ministerio encargado de protegerles colaboraba con ETA.
  • Fue el ministro que públicamente dijo que las conversaciones con ETA estaban rotas tras el asesinato de 2 ciudadanos ecuatorianos, y luego supimos que habían continuado.
  • Ministro de Educación cuando se aprobó la LOGSE, ley que ha destrozado la Educación en España.
  • Una anécdota cercana, pues pasó en mi tierra. Los comando callejeros de ETA quemaron una ferretería de un candidato de UPN al ayuntamiento de Barañain, localidad navarra de 25.000 habitantes. En ese momento, el gobierno negociaba con ETA, lo ya comentado. Este episodio era una china en la negociación. Rubalcaba lo solucionó diciendo públicamente que estos grupos callejeros no tenían nada que ver e insinuó que, probablemente, el propietario de la ferretería se dedicaba a tratos oscuros. No sólo te cobran impuestos y no te protegen, sino que te difaman.

Y aún hay gente que se pregunta cómo ha llegado España hasta aquí, a la situación en la que actualmente se encuentra.

Curiosamente, en la Iglesia se hace una lectura similar a la que la gente de la calle hace de la situación Política. En ambos casos creen que los últimos 50 años  han sido maravillosos, ni por asomo ha habido un deslizamiento hasta la situación actual, y la sustitución de una sola persona arreglaría todo. Sánchez y Francisco, respectivamente.

Curioso que en el país de la memoria histórica exista tan poca memoria.

 

(1) Fue la frase, magnífica, con la que Julián Besteiro, Secretario General de la UGT, retrató a sus colegas del bando izquierdista, antes de la guerra civil. Les acusó de llevar al país a la guerra «sobre un Himalaya de mentiras». Ahora, todos los días escalamos uno, no se preocupe don Julián que espero, en paz descanse.

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