EL SUICIDIO

Dicen que «nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira». Una frase desacertada, como todas las que han hecho fortuna en la modernidad, pero que podría ser más acertada en el caso del pensamiento católico.

O, dicho de otro modo, si el cristal con el que miras cada una de las cuestiones está desenfocado nada de lo que veas será real, es decir, será Verdad. El veneno del modernismo ha infectado todas y cada una de las cosas que se plantea el católico. Es el caso, también, del suicidio.

Así lo relata Romano Amerio en su imprescindible Iota Unum

La variación acaecida en torno al suicidio se presenta más en la práctica que en la teoría. El hecho fundamental lo constituye la abrogación en el nuevo Código de Derecho Canónico de la prohibición de dar sepultura religiosa a los suicidas (ca. 1184).

La doctrina común de la Iglesia veía en el suicidio un triple mal: una falta de fuerza moral(1), ya que el suicida claudica ante su desgracia; una injusticia, pues pronuncia contra sí mismo sentencia de muerte en causa propia y careciendo de título para ello; y una ofensa a la religión, al ser la vida un servicio divino del cual nadie puede librarse por sí mismo, como observó Platón en el Fedón.

Este convencimiento ha sido sustituido por el de la existencia de unos valores supremos de orden terrenal a los cuales es lícito y hermoso inmolar voluntariamente la vida. De este modo, los suicidios por razones políticas, como los de Jan Palak (que se quemó vivo en una plaza de Praga) o la huelga de hambre de Bobby Sand (Irlanda, 1981), dejan de tener una connotación reprobable y se convierten en expresión de la suprema libertad del alma y signo de heroísmo. El Card. Beran, arzobispo de Praga, contemplando el funeral de Palak, declaró: “Admiro el heroísmo de estos hombres, incluso aunque no pueda aprobar su gesto”. Se le escapaba al cardenal que el heroísmo y la desesperación (es decir, la falta de fortaleza) no son compatibles”(2).

También se ha ido introduciendo bajo la influencia de la psicología y de la psiquiatría la convicción de que en el ánimo del suicida, atacado por una invencible turbación, la libertad padece una grave limitación o incluso resulta anulada. Mientras que en el pasado la Iglesia concedía un amplio margen a la responsabilidad moral del agente, después del Concilio ha acogido en creciente medida la idea de la irresponsabilidad del suicida. Ha repudiado completamente la moral estoica, según la cual el suicidio es expresión suma de la libertad moral del hombre y la cima de la virtud.

(2) Se ha convertido ahora en costumbre elogiar al suicida en la homilía de la Misa de exequias. Tras el suicidio de un chico de 20 años, el rector de un instituto eclesiástico que lo había tenido como alumno, agradeció al suicida, en el discurso pronunciado en los funerales del desventurado, el bien difundido en torno a sí, y le pidió perdón por las culpas que de su gesto tenían los que continuaban viviendo (Virtutis palestra, Ascona 1983, p.121): es la disolución de la responsabilidad personal en el pecado de la sociedad; es decir, de los demás. Y cuando en agosto de 1983 un joven de dieciséis años se mató en Roma junto con su novia, le fueron concedidos los ritos religiosos y se pronunció su elogio fúnebre (OR, 6 de agosto 1983). Mucho más verdaderas y auténticas resultan las palabras que sobre la tumba del Dr. Giuseppe Zola, sepultado como suicida fuera del camposanto, pronunció en Lugano en 1834 Giacomo Luvini-Perseghini, uno de los jefes del partido radical del cantón Ticino: “Esperamos que el dios de nuestros padres, cuya misericordia es infinita, quiera perdonar el error de un instante aquél cuya vida estuvo adornada de muchas virtudes”.

(1) Nota del Capitán. Se consideraba un pecado contra la Esperanza.

Capitán Ryder

P.D: Uno de los síntomas más claros de la descomposición actual es la tasa de suicidios, que aumenta sin parar fruto de la soledad y la desesperanza.

https://politica.elpais.com/politica/2016/03/29/actualidad/1459249694_040134.html

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *