EL QUIJOTE (III). MEDIOS BUENOS Y MAL FIN

MEDIOS BUENOS Y MAL FIN

Sancho Panza es hombre de realidades. Basta evocar algunos rasgos: sentido de lo práctico, atisbo para la oportunidad, atención despiertísima para lo circunstancial y lo mudable, limitación de su entendimiento a lo cotidiano.

Lo real, como contrapuesto a lo ideal, se encuentra siempre entre los medios, aunque no todos los medios sean reales, como vimos que no lo eran en Don Quijote. Constituye el plano de la ejecución. Sancho Panza es el hombre de la ejecución más perfecta y razonable que darse pueda. En este orden de los medios y de la ejecución ninguna locura es imputable al escudero fiel, que señala de continuo a su señor las limitaciones de la realidad y las menudas quiebras del camino.

Considerando a Sancho Panza en este orden de la ejecución y de los medios de la acción humana, es un hombre perfecto. ¿Quién se atrevería a reprocharle nada?

En cambio, en el orden del fin y de la intención, sancho Panza, en aquello que define su figura, nunca acierta. Aquí habría que aducir simplemente el móvil que le guía a aceptar las propuestas de su señor: el gobierno de una Insula. El error de Sancho es crasísimo en lo que hace al fin de todas sus buenas acciones y acertados medios: no solamente porque la Insula no existía en ninguna parte, era un sueño de loco, sino también porque las satisfacciones que el glotón de Sancho pensaba darse en su cargo de gobernador eran, moralmente hablando, un fin equivocado para todos los que no acepten la moral de los hombres que tienen por dios el vientre.

Ahora bien, ¿qué representa este Sancho Panza que acierta en los medios y yerra en el fin? A mi juicio, la encarnación y el símbolo del oportunismo. El oportunismo es la postura del hombre que busca a toda costa el medro personal, pasando por alto la validez universal de los principios morales, y es sordo a la voz inextinguible de la sindéresis y a las inspiraciones que suben desde el fondo del alma diciéndonos que llevamos algo divino dentro. Sancho Panza no ve ni oye ninguna de estas sublimidades que bañan continuamente el alma señera de su amo. El oportunismo, como Sancho Panza, goza de toda clase de aciertos en el orden de la ejecución, pero sufre toda clase de yerros en el orden de la intención.

Y de esta suerte, la postura de Sancho Panza es paradójica e incompleta, y no podemos tampoco profesarla sin menoscabo de la integridad de nuestro ser.

Leopoldo Eulogio Palacios, Don Quijote y La Vida es Sueño

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *