EL MERCADEO

El Evangelio del pasado Domingo versaba sobre la expulsión por parte de Jesús de los mercaderes del Templo.

Otra ocasión para Francisco de practicar dos de sus deportes favoritos: el primero, arrear a la Iglesia, el segundo, deslizar la enseñanza del Evangelio a los temas puramente económicos.

Es uno de los pasajes evangélicos, tal vez, más incomprendidos y que se presta a muchas interpretaciones equivocadas.

Es algo muy común en los católicos, sean sacerdotes, obispos o laicos, el pasar de puntillas o retorcer la interpretación cuando el pasaje evangélico es especialmente complicado.

Por algunas de las palabras que dice en la predicación parece que Francisco lo conoce perfectamente, pero parece no resistir la tentación de ponerle su particular anteojo.

Vamos con sus palabras:

“Una acción decidida, que suscitó gran impresión en la muchedumbre, y la hostilidad de las autoridades religiosas, y quienes tenían intereses económicos”

“No era una acción violenta. Tanto es así que no provocó la intervención de la policía”

“fue entendida como una acción típica de los profetas, quienes con frecuencia denunciaban en nombre de Dios abusos y excesos”

“una cuestión de autoridad”. “¿Qué signos nos muestras qué autoridad tienes?”,

“El celo por tu casa me devorará”.

“El celo del amor de Dios lo llevará hasta la cruz”,

‘Destruyan este templo y en tres días lo levantaré’. Algo que significaba la creación “de un nuevo culto, el del amor, y un nuevo templo, que es Él mismo”.

“estamos llamados a tener presentes estas palabras de Jesús: No conviertan la casa de mi Padre en un mercado”. “Es muy feo cuando la Iglesia se desliza en esta actitud de hacer de la casa de Dios un mercado”

“Estas palabras nos ayudan a rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, morada de Dios, un lugar de mercado, buscando nuestro interés en lugar del amor generoso y solidario. Esta enseñanza de Jesús es siempre actual, no sólo para las comunidades eclesiales, sino para los individuos y la sociedad”, concluyó el Papa, advirtiendo de “la tentación de aprovecharse de actividades buenas y necesarias para cultivar intereses privados e ilícitos”. “Es un grave peligro instrumentalizar a Dios o al hombre, por eso a veces Jesús usó modos bruscos, para sacudirnos de este peligro mortal”.

 

Como digo, parece que lo entiende perfectamente al hablar de la autoridad o del celo de Jesús por la casa de su Padre, pero rápidamente desliza el tema hacia una cuestión puramente monetaria, ya se sabe, “intereses económicos” o “intereses privados o ilícitos”. Los “descartados”, vamos.

La interpretación que siempre le ha dado la Iglesia ha sido más o menos esta:

  1. Fue una expulsión violenta, así lo resaltan todos los evangelios. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del templo (…) y dijo: “Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado…”(Jn 2,14 ss.). Entiendo que para un Papado tan antropocéntrico le confunda esta actitud de Jesús cuando no se respeta la casa de su Padre. Que de eso va este tema. ¿Cómo se va a entender si hace unos meses se organizó una comilona en la Catedral de Bolonia en la que se instalaron unos urinarios?
  2. Jesús no persigue el mercadeo, persigue el lugar en el que se realiza. Para todo judío piadoso la existencia de estos puestos era fundamental. Los pájaros que se ofrecían no se llevaban de casa, se adquirían allí. Dice el Evangelio sobre María y José “Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor (…) y para ofrecer el sacrifico según lo ordenado por la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones”. El reglamento del templo prescribía que toda actividad económica se desarrollara fuera de las murallas en cuyo centro se encontraba el templo.
  3. Pero aquellos sacerdotes que habían redactado el reglamento y que debían hacerlo cumplir habían acordado con algunos mercaderes que se instalaran dentro de las murallas, en el Patio de los Gentiles.
  4. No se detiene a Jesús por esta razón, no porque el episodio no sea violento, que lo es, sino porque los propios sacerdotes saben que están pisoteando su propio reglamento. Esa es la razón por la que no interviene la policía. De ahí que apelen a la autoridad. “¿Qué señal nos das para obrar así?
  5. Recapitulando, no es un tema de dinerillos como insinúa Francisco. Es un tema de poner los dinerillos por encima de Dios, de violar el templo para enriquecerse. De ahí que la cólera de Jesús se dirija más a los sacerdotes que a los mercaderes. Ellos son los que no le dan a Dios el lugar que le corresponde.
  6. Para finalizar, no desperdicia la ocasión de señalar sin aclarar, de insinuar sin concretar, qué actitudes tan feas son esas de la Iglesia, de nuestra Madre, de las que él afortunadamente está libre.

¿Serán acaso estas? https://es.aleteia.org/2017/10/09/la-camiseta-del-vaticano-super-papa-francisco/

Capitán Ryder

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