EL FRACASO DE LA HERMENEUTICA (I)

Creo, lo digo sinceramente, que hay que agradecer a Francisco el haber clarificado las cosas.

Muchos de nosotros intuíamos que algunas cosas no funcionaban, que la crisis en la Iglesia estaba ahí, pero no acertábamos a dar con la tecla. O, al menos, no nos lanzábamos a una búsqueda profunda y sincera, y por tanto, dolorosa, de la Fe católica.

Este tipo de búsquedas son gratificantes y peligrosas a la vez. Por un lado, supone dedicar más tiempo a Dios, intentar profundizar en las verdades de Fe, rezar más. Por otro, supone aflorar muchos defectos personales, entre ellos la comodidad, y tomar conciencia de la situación real de la Iglesia. No es agradable ni lo uno ni lo otro. Ni ser consciente de que la Fe ha sido maltratada sin haberte enterado, y de que la Iglesia ha sido arrastrada, y sigue siéndolo, con tu indiferencia.

En mi caso personal, muchas de las preguntas que me hago ahora ya me fueron planteadas hace 11 años. Un amigo, entonces sedevacantista, ya me las planteó. Afortunadamente, mi amigo ya no milita en esas posiciones, yo nunca lo he hecho, pero las preguntas que me hacía siguen estando ahí.

Y para mí, mucho más importante que encontrar respuesta a ¿cómo hemos llegado aquí? Es responder a ¿cuál es nuestra Fe? Entiendo que la segunda, mucho más importante, aclararía la primera. Por eso, me parece una pérdida de tiempo todo aquello que no esté orientado a la respuesta de esta pregunta.

Entiendo, me puedo equivocar, que hay católicos, exclusivamente extranjeros, que están intentando responder a ello y, con mucho dolor, hay que decir que casi ningún español está entre ellos(1). La información religiosa española oscila entre el silencio, sean o no conscientes de la situación, la adulación ridícula al Papa y la crítica total obviando, cuidadosamente, palabras y actos similares en pontificados anteriores. De esta manera, no hay búsqueda sincera que nos pueda clarificar el laberinto en el que estamos.

Antes de intentar siquiera responder a esa pregunta creo que es importante establecer qué puede servir, y que no, para responderla. Esta segunda me parece, de momento, mucho más abordable, por lo que desarrollaré unas ideas en las próximas entradas. A modo de aperitivo,

¿Qué es lo que no sirve?

  • No sirve seguir considerando como católicos a obispos y cardenales que hace tiempo perdieron la Fe. Habría que actuar en consecuencia.
  • No sirve seguir dando funciones a obispos y cardenales cuya única misión es intentar destruir la Iglesia, deberían ser apartados.
  • No sirve hablar de una unidad inexistente. Sólo existe una unidad, la unidad en Cristo. De hecho, la unidad de la que hablan nuestros pastores es profundamente anticatólica, una inversión real del punto central de nuestra Fe. Se permite la disensión en Cristo siempre que entre los pastores reine el buen rollito. El problema para ellos es que sigue vigente el único mandamiento realmente importante, del que se derivan el resto, “amar a Dios sobre todas las cosas”.
  • Y no sirve, de esto quiero comentar algo los próximos días, la “hermenéutica de la continuidad”. El Papado de Francisco ha puesto de manifiesto el fracaso de esta estrategia. El enfermo está muy grave, no vale con una pastilla aquí o allá, hay que operar a vida o muerte. Además, creo que adolecía de sinceridad, no digo conscientemente, pero creo que era así.

Por eso creo, que el único intento postconciliar de arreglar algo con esta estrategia, por ejemplo la liturgia, estaba condenado al fracaso. No digo que lo viese entonces, digo que lo veo ahora a la luz de la información que tenemos actualmente.

  1. Creo que la aportación más valiosa, casi la única, es la de Alonso Gracián en infocatólica, pero que tiene un defecto, a mi modo de ver, relevante: el no querer señalar quienes han difundido pensamientos e ideas erróneas. Señala las ideas, señala los errores pero no dice quienes las han difundido, o lo hace de una manera muy tangencial. En el resto es una maravilla, sobre todo las forma en la que sistematizando el colapso del pensamiento que nos ha traído hasta aquí

Capitán Ryder

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