EL ENIGMA BENEDICTO

He repetido muchas veces que la crisis viene de lejos. Que es una crisis de pensamiento y Tradición. Que antes de Francisco había muchísimos cosas que era inexplicables. Que muchos obispos, cardenales y Papas, a la vez que hablaban el lenguaje moderno, tales como diálogo, comprensión del hombre moderno, la hora de los laicos etc nos han querido hacer tragar algunas ruedas de molino, algo a lo que nunca se hubiesen atrevido los Papas preconciliares.

No digo que fuesen perfectos, ni que la Iglesia estuviese libre de problemas, no. De hecho, ya he repetido anteriormente, que la mayoría de padres conciliares que introducen la revolución en la Iglesia habían sido nombrados por Pío XI y Pío XII, luego el problema ya estaba ahí. Ahora, ese problema que permanecía escondido, ese pensamiento que los heterodoxos no se atrevían a hacer visible de manera descarada, es norma en la Iglesia, hasta el punto, que sólo es perseguido quien recuerde las incoherencias que traen las novedades de la nueva fe.

De alguna manera, se ha instalado la idea de que cualquier pensamiento es correcto, que las ideas no tienen consecuencias, que es una especie de juego intelectual.

El arquetipo de esto que afirmo sería Benedicto XVI. Decía Winston Churchill que “Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Así me resulta Benedicto XVI, un auténtico enigma.

Conozco católicos muy satisfechos con Benedicto pues ha rectificado su pensamiento de joven de ser partidario de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Con esta rectificación lo contraponen al malvado Francisco, que sigue erre que erre con la misma idea del joven Ratzinger.

Sin embargo, hay actuaciones, palabras y escritos de Benedicto mucho más corrosivos, peligrosos y que dejan a la Iglesia a los pies de los caballos. No me refiero sólo a sus actuaciones pasadas sino a las consecuencias que, de sus pensamientos, se pueda sacar en el futuro. Y de esas no se ha retractado, ignoro si porque lo considera innecesario, porque se reafirma en lo dicho anteriormente o porque cree que no tiene ninguna importancia. No lo sé, pero pienso en el católico que, ingenuamente, puede recurrir a estos escritos buscando reafirmarse en la fe y que sólo encontrará confusión, incredulidad o, lo que podríamos denominar, otro filósofo de la sospecha.

Antes de empezar nos remitimos a lo manifestado por él mismo en una entrevista en el l´osservatore romano siendo ya Papa, 19-8-2006. En ella afirma que sus ideas como profesor, obispo, cardenal y Papa; ‘permanecen idénticas en todo lo que es esencial’.

En el libro “El Rhin desemboca en el Tiber” el Padre Wiltgen, que no parece contrario a las tesis que defendía la Alianza del Rhin, de la que formaba parte Ratzinger en calidad de asesor del Cardenal Frings, señala, por ejemplo:

“El Cardenal Frings, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, supo después que el Cardenal Achille Liénart, Obispo de Lille, de setenta y ocho años de edad y presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, tenía la misma idea. Los dos Cardenales acordaron pues un plan de acción”. (p. 20).

“El Cardenal Frings, en el transcurso de una conversación privada, denominó al Padre Karl Rahner el teólogo más grande del siglo”. (p. 94).

“Parecía como si el liderazgo del concilio tuviese que recaer a la fuerza en el Cardenal Frings, cuya archidiócesis se situaba a orillas del Rin”. (p. 295).

“Casi nadie en la vasta asamblea, dejando aparte al Papa, había influido más en la legislación conciliar que el Cardenal Frings. Si no hubiera sido por la organización que él mismo inspiró y dirigió, el concilio nunca habría podido trabajar con eficacia. Se había apoyado mucho sobre el teólogo P. Rahner; pero al final del concilio se había hecho más cauto en la aceptación de sus propuestas”. (pp. 326-327).

Refiriéndose el P. Wiltgen a los análisis enviados, a todos los Padres conciliares invitados a Fulda, por el Obispo Schröffer, de Eichstätt, dice que: “Explicó que estos análisis habían sido preparados por el P. Rahner y posteriormente examinados y comentados por otros tres teólogos alemanes: el P. Ratzinger, teólogo consultor del Cardenal Frings, el P. Aloys Grillmeir, S.I., y el P. Otto Semmelroth, S.I. Había sido imposible escribía el Obispo encontrar otros teólogos que examinasen el texto, en el corto espacio de tiempo disponible, pero esos tres teólogos habían respaldado totalmente el análisis del P. Rahner, manifestando solamente ‘algunos deseos’ que habían sido incorporados al texto”. (p.94).

“La subcomisión seleccionó a sus propios peritos (el P. Ratzinger, teólogo personal del Cardenal Frings, de Colonia, y el P. Yves Congar), que prepararon los fundamentos teológicos del esquema”. (p.294). Se refiere a la comisión sobre las misiones.

“El P. Ratzinger, parecía haber dado durante el Concilio un apoyo casi incuestionable a las opiniones de su antiguo profesor (P. Rahner). Pero a medida que se acercaba la clausura, admitía que estaba en desacuerdo con él en varios puntos, y dijo que comenzaría a afirmarse más a sí mismo una vez finalizase el Concilio”. (p.327)

Es decir, la legislación Conciliar estaba fuertemente influenciada por un hereje consumado, el P.Rahner, con el apoyo más o menos explícito de Ratzinger y otros.

En un post anterior incluía los párrafos siguientes:

“Bien, con estos antecedentes, en el libro-entrevista a Benedicto de Peter Seewald del año 2017, y con una oportunidad de oro para impugnar todos los errores que llevaron a la Iglesia a este laberinto y que él conoce bien, el Papa manifiesta lo siguiente:

«En aquella época, ser progresista no significaba todavía romper con la fe, sino aprender a comprenderla mejor y vivirla de manera más adecuada, volviendo a los orígenes. Entonces creía todavía que todos nosotros queríamos esto. También progresistas famosos como De Lubac, Daniélou y otros tenían una idea similar. El cambio de tono se percibió ya el segundo año del Concilio y se perfiló con claridad en el curso de los años sucesivos»(1).

«La voluntad de los obispos era renovar la fe, hacerla más profunda. Sin embargo, hicieron sentir cada vez más su influencia también otras fuerzas, especialmente la prensa(2), que dio una interpretación totalmente nueva a muchas cuestiones. En un cierto momento, la gente se preguntó: ¿si los obispos lo pueden cambiar todo, por qué no podemos hacerlo nosotros? (3). La liturgia comenzó a resquebrajarse deslizándose hacia la discrecionalidad y muy pronto quedó claro que aquí, las intenciones positivas eran empujadas en otra dirección. Desde 1965, por tanto, sentí que era tarea mía poner en claro lo que verdaderamente queríamos y lo que no queríamos» (p. 135).

«Es cierto, nos preguntábamos si habíamos actuado correctamente. Era una pregunta que nos hacíamos, especialmente cuando todo se desordenó. El cardenal Frings tuvo más tarde fuertes remordimientos de conciencia. Yo, en cambio, he mantenido siempre la conciencia de que lo que habíamos dicho y hecho aprobar era correcto y no podía ser de otro modo. Actuamos de modo correcto, aunque no valoramos correctamente las consecuencias políticas y los efectos concretos de nuestras acciones. Pensamos demasiado como teólogos y no reflexionamos sobre las repercusiones que nuestras ideas habrían tenido en el exterior»(4) (pp. 135-136)”.

En estos párrafos queda claro que Ratzinger se consideraba progresista, que la gente consideró que lo obispos lo habían cambiado todo, que nadie dijo nada en contrario de esta percepción de la gente y que tiene la conciencia muy tranquila a pesar de que la Fe desapareció de Europa en sólo 20 años. Ojo, también sería lícito preguntarse qué raíces tenía esa Fe, pero será tema de otras entradas.

Otras ideas de Ratzinger nunca desmentidas por él son, por ejemplo, las burlas a las visitas al Santísimo Sacramento. En su obra titulada “Sacramentale Begründung der Christlichen Existenz (1966):

La devoción eucarística, tal como se observa en la visita silenciosa de los devotos en la iglesia no debe ser pensada como una conversación con Dios. Esto asumiría que Dios está presente a nivel local y en un espacio determinado. La justificación de esto demuestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos y del concepto mismo de Dios. Esto repugna al pensamiento maduro del hombre que comprende bien  la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia para poder visitar a Dios presente es un acto sin sentido que el hombre moderno rechaza con razón. “

En su libro “Principios de Teología Católica”, publicado en 1982, Mons. Oliver Oravec recogió algunos textos de Ratzinger y los publicó en “Catholics forever”. Algunos ejemplos que nos dejarán estupefactos: “La interpretación del Cristianismo, la católica y la protestante, ambas, cada una en su camino propio, son verdaderas en su momento histórico. La verdad se torna en una función del tiempo (Nota 1). La fidelidad a la verdad de antes consiste, precisamente, en abandonarla y en asimilarla dentro de la verdad de hoy” (16).

“Verdad es lo que sirve para el progreso; esto es, todo lo que sirve para la lógica de la Historia (17)”.

“El Bautismo forma una liga entre fe cristiana y las religiones de las naciones, que, como religiones cósmicas, buscan a Dios en los elementos del mundo. Aunque a la distancia, actualmente, estamos en esa pista”

“Nosotros mismos nos tornamos inciertos sobre nuestra fe cristiana” (42)

“El instinto histórico de Lutero claramente prueba su derecho propio” (147).

La resurrección de Cristo no puede ser un acto histórico en el mismo sentido que la crucifixión”

“El católico no insiste en la disolución de la confesión protestante, en la demolición de sus iglesias; antes, espera el que serán ellas fortalecidas en la realidad eclesial”

“Tuvo gran influencia el impulso dado por Theilhard de Chardin. Con audaz visión incorpora el movimiento histórico del Catolicismo en el proceso cósmico de la evolución” (Nota 2).

“La congregación para la Doctrina de la fe, propone solucionar la crisis, por una presentación positiva de la doctrina católica, no excluyendo a los que mantienen opiniones opuestas”

“De hecho, en los países de fuerte mayoría católica seguía predominando en amplios círculos una óptica prerrevolucionaria. Hoy apenas nadie puede dudar que el concordato español y el italiano pretendían preservar, en demasía, una concepción del mundo que ya no respondía a las circunstancias reales. Y tampoco puede nadie discutir que a este aferrarse a una construcción jurídica de las relaciones entre la Iglesia y el Estado ya obsoleta respondían similares anacronismos en el ámbito de la enseñanza y en las relaciones con el método crítico histórico de la ciencia moderna.” (pág. 458).

Dice que el Vaticano II fue un “Antisyllabus” (Nota 3). (págs. 457-458).

“En esta perspectiva, tanto la interpretación católica como la protestante de lo cristiano tienen —cada una en su puesto— su importancia, son verdaderas en su hora histórica, pero sólo lo siguen siendo cuando, llegado el punto final de su hora, se las abandona y se las inserta en el todo, que está en trance de nueva formación. La verdad es función del tiempo. Lo verdadero no es simplemente verdadero, porque tampoco la verdad es simplemente. Es verdadero en y por un tiempo, porque pertenece al devenir de la verdad, que es en cuanto que deviene (Nota 1). Esto significa también, obviamente, que se difuminan los contornos entre lo verdadero y lo no verdadero. Pero significa, sobre todo, que debe modificarse la actitud básica del hombre respecto de la verdad y respecto de sí mismo (Nota 4). Bajo este punto de vista, la fidelidad a la verdad de ayer consiste en abandonarla, en «superarla», elevándola a la verdad de hoy. Superar es la forma de conservar. Lo constitutivo de ayer sólo permanece hoy en cuanto superado.” (págs. 16-17).

 

Vamos a contentarnos aquí con decir que el texto [de Gaudium et spes] desempeña el papel de un contra-syllabus en la medida en que representa un intento de reconciliar oficialmente a la Iglesia con el mundo tal como se había hecho después de 1789. Por un lado, esta visualización sola aclara el complejo del gueto que mencionamos antes. Por otro lado, nos permite comprender el significado de esta nueva relación entre la Iglesia y el mundo moderno. «Mundo» se entiende aquí, en profundidad, como el espíritu de los tiempos modernos. La conciencia de ser un grupo separado que existía en la Iglesia veía este espíritu como algo separado de ella y, después de que terminaran las guerras calientes y frías, buscó el diálogo y la cooperación con ella.

Finalmente, y para aumentar la confusión que bulle en Benedicto podemos traer algunas frases de su obra “Introducción al cristianismo”, cuya primera edición es del año 1968, pero al que realizó en el año 2000 un nuevo Ensayo introductorio, siendo ya Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, por lo que no parece que impugnase lo dicho en él.

  1. «Es la estructura fundamental del destino humano el poder encontrar la dimensión definitiva de la existencia sólo en esta interminable rivalidad entre la duda y la fe, entre la tentación y la certeza» (Introducción al cristianismo, página 39);
  2. «El creyente siempre experimentará la oscura tiniebla en la que lo envuelve la contradicción de la incredulidad, encadenándolo como en una prisión tenebrosa de la que no es posible escaparse… » (Introducción al cristianismo, página 73).

Esta filosofía de la sospecha se ve refrendada en una entrevista de 2016, en l´osservatore romano, siendo Papa, en la que afirma que, la de Dios “sigue siendo la mejor hipótesis, aunque sea una hipótesis”.

Sólo por terminar, en el mismo libro, página 265 “la doctrina de la divinidad de Jesús no se vería afectada si Jesús hubiese nacido de un matrimonio humano” (Nota 4).

(Nota 1) A mí me escandalizó más de Francisco Evangelii Gaudium que los Amores de Leticia. El primer texto se agarraba a una Fe evolucionista, la famosa frase de “el tiempo es superior al espacio” por la que la inmutabilidad de Dios se adaptaba a los caprichos de los hombres, las “sorpresas del Espíritu” que dice Francisco. Una Fe, por la que no sabríamos cuál es la Verdad en cada momento, pues iría mutando no sabemos cómo. Con ese pensamiento, la Fe no estaría fundamentada en una Revelación de Dios sino en los caprichos de cada Papa q2ue podrían decir lo contrario de aquella, una absoluta ridiculez. Pues parece que Ratzinger también compartía/comparte este pensamiento.

(Nota 2)Ya comentado en la nota 1. El pensamiento del archi-hereje Theilhard rescatado por Benedicto.

(Nota 3)El Syllabus es un escrito publicado por Pío IX en 1864 al mismo tiempo que la encíclica Quanta Cura y que condena conceptos modernos. Se ve que Ratzinger compartía con Juan XXIII y Pablo VI el amor, el abrazo a los tiempos modernos. Lo que Francisco llama “tender puentes y no levantar muros”. Con esta forma de pensar se desarmaba al católico sobre los peligros de las ideas modernas. El resultado salta a la vista.

(Nota 4) Me hace gracia la llamada “Fe adulta” que no deja piedra sobre piedra de la llamada “Fe ingenua”. Curiosamente, la primera construyó las Catedrales y la segunda las transformó en museos, en un montón de piedras.

Capitán Ryder

P.D: No es tema menor la foto de portada. Con esas actitudes de Ratzinger y otros (en este caso Rhaner), esa forma de vestir, comportarse etc también se minó la autoridad de la Iglesia, se hizo una contraposición tramposa entre lo antiguo y lo moderno, se señaló de paso a los sacerdotes que no compartían su forma de actuar como carcas etc.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *