EL ECUMENISMO POSTCONCILIAR

Sigue Romano Amerio guiándonos por esta selva de palabrería y expresiones confusas.

En una intervención en el OR del 4 de diciembre de 1963, el Card. Bea, aunque reconociendo la diferencia entre las Iglesias, afirma que “los puntos que nos dividen no se refieren verdaderamente a la doctrina, sino al modo de expresarla”, puesto que todas las confesiones suponen una idéntica verdad subyacente a todas: como si la Iglesia se hubiese engañado durante siglos y el error fuese simplemente un equívoco. La acción del pastor de las parábolas evangélicas no consistiría en reconducir (es decir, en hacer volver, sino puramente en dejar abiertas las puertas del redil, que por tanto no sería ni siquiera el redil del pastor, sino otra cosa.

En una perícopa incluida en el discurso del 23 de enero de 1969, Pablo VI parece próximo a tal opinión. A partir de la discusión teológica, dice el Papa, “puede verse cuál es el patrimonio doctrinal cristiano; qué parte de él hay que enunciar auténticamente y al mismo tiempo en términos diferentes, pero sustancialmente iguales o complementarios; y cómo es posible, y a la postre victorioso para todos, el descubrimiento de la identidad de la fe, de la libertad en la variedad de expresiones, de la que pueda felizmente derivar la unión para ser celebrada en un solo corazón y una sola alma”. Se desprende de esta perícopa que la unidad preexiste ubique(1) y debe tomarse conciencia de ella ubique, y que la verdad no se encuentra abandonando el error, sino profundizando su sustancia. Idéntica es la posición de Juan Pablo II en el discurso al Sacro Colegio de 23 de diciembre de 1982, con ocasión de la VI Asamblea del Consejo Ecuménico de las Iglesias: “Celebrando la Redención vamos más allá de las incomprensiones y de las controversias contingentes para reencontrarnos en el fondo común a nuestro ser de cristianos”. En esa asamblea estaban representadas trescientas cuatro confesiones cristianas, las cuales, según OR, 25-26 julio 1983, “han expresado mediante el canto, la danza y la oración los diversos modos de significar una conducta de relación con Dios”.

Es significativo el documento en lengua francesa del Secretariado para la unión en aplicación del decreto Unitatis Redintegratio…Sin embargo todo el documento se desarrolla después en una prospección en la unidad que se busca, más que se comunica, en una reciprocidad de reconocimientos gracias a los cuales se persigue “la resolución de las divergencias más allá de las diferencias históricas actuales”(2). Se contemplan las diferencias dogmáticas como diferencias históricas que el retorno a la fe de los primeros siete concilios debe hacer caer en la irrelevancia. Se niega así implícitamente el desarrollo homogéneo del dogma después de aquellos siete concilio0s; se imprime a la fe un movimiento retrógrado; y se da al problema ecuménico una solución más histórica que teológica.

Esta mentalidad por la cual la unidad debe conseguirse sintéticamente por recomposición de fragmentos axiológicamente(3) iguales(4), ha trastocado completamente la situación tradicional. La apelación hecha en la congregación LXXXIX del Concilio por el obispo de Estrasburgo para que “se evitase toda expresión alusiva al retorno de los hermanos separados”, se ha convertido en el axioma doctrinal y la directriz práctica del movimiento ecuménico.

  1. En un determinado espacio o lugar
  2. Estas diferencias podrían incluso ser conservadas como dogmas particulares de Iglesias locales. De aquí la propuesta de algunos teólogos reformados de admitir el primado de Pedro como dogma de la provincia romana de la Iglesia universal. En no pocas parroquias de Francia se predica la práctica de la doble pertenencia, en virtud de la cual los cónyuges de mixta religión practican indistintamente ambos cultos (ICI, n. 556, 15 de noviembre de 1980).
  3. De igual valor
  4. También Pablo VI habló (en OR de 27 de enero de 1963) de la “recomposición de los cristianos separados entre sí en la única Iglesia católica, universal, es decir, orgánica, y por tanto propiamente compuesta, pero solidaria en una única y unívoca fe”.

 

Seguiremos comentado el tema pues es de vital importancia. El ecumenismo en la Iglesia todo lo permea y ha tenido unas consecuencias terribles, empezando por una idea implícita en todo este planteamiento, que en los últimos 4 siglos y un Concilio Dogmático mediante, todo sería mentira.

Eso sin contar el callejón sin salida que son este tipo de Asambleas Ecumenicas. Por ejemplo, el tema de la autoridad. Actualmente se calcula que existen 800 millones de protestantes, por definición, 800 millones de “Papas de su propia iglesia”. Cualquier acuerdo que se firme es papel mojado ya que sólo obligará al firmante. Cualquier otro planteamiento es de una ingenuidad tremenda.

Pero repito, lo desarrollaremos más adelante.

No me resisto a resaltar la frase del Cardenal Bea, ¿Se puede sostener que quien afirma eso con convencimiento profesa la Fe católica?

 

Capitán Ryder

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