EL ECUMENISMO EN JUAN PABLO II ( Y XIII). LA DECLARACION CONJUNTA

El 31 de octubre de 1999, representantes de  la Iglesia Católica y de la Federación Luterana Mundial firmaron  la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación . Cuando se le preguntó si los católicos ahora pueden decir que los individuos están justificados por la sola fe, Jeffrey Cruz, portavoz de la Conferencia Nacional de Obispos, dijo: “Sí, de hecho, el texto de la declaración lo dice muy claramente”.

 

Los firmantes de la declaración conjunta quisieron resaltar que las condenas del Concilio de Trento ya no estaban en vigor. De hecho, la Declaración Conjunta contiene tres secciones que indican exactamente esto. Por ejemplo, el artículo 41 de la Declaración dice:

De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo que atañe a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos(1): Las condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, la condenas de las Confesiones Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica Romana, expuesto en la presente declaración. 

Mientras el artículo 13 de la Declaración Conjunta establece lo siguiente:

En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y aplicación del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa principal de la división de la iglesia occidental, también dieron lugar a las condenas doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la justificación es indispensable para acabar con esa división. Mediante el enfoque apropiado de estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos modernos de investigación sobre la historia de la teología y los dogmas, el diálogo ecuménico entablado después del Concilio Vaticano II ha permitido llegar a una convergencia notable respecto a la justificación(2), cuyo fruto es la presente declaración conjunta que recoge el consenso sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la justificación. A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.

Y en el artículo 5 de la Declaración conjunta se dice:

Cabe señalar que no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación, limitándose a recoger el consenso sobre las verdades básicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya no dan lugar a condenas doctrinales.

En el artículo 26 de la Declaración Conjunta se  declara:

Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la fe (sola fide)” .

Es importante señalar que ni el Papa Juan Pablo II, ni el entonces cardenal Joseph Ratzinger firmaron la declaración, pero el cardenal Cassidy, negociador del pacto lo respaldó públicamente afirmando que la declaración había sido aprobada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, a cargo del entonces cardenal Ratzinger y por Juan Pablo II.

 

Al entonces cardenal Ratzinger se le atribuye un papel destacado, al «salvar» el acuerdo cuando parecía bloqueado.

De hecho, el teólogo protestante Joachim Track señaló las tres concesiones fundamentales hechas por el Cardenal Ratzinger para que fuera posible el acuerdo:

  • En primer lugar , «se acordó que la meta del camino ecuménico es la unidad en la diversidad, la reintegración no estructural. Esto era importante para muchos luteranos en Alemania, que se preocupaban de que el objetivo final de esto iba a ser a volver a Roma».
  • En segundo lugar, Ratzinger reconocía plenamente la autoridad de la Federación Luterana Mundial, para llegar a un acuerdo con el Vaticano(3).
  • En tercer lugar, Ratzinger estaba de acuerdo en que los cristianos, mientras que están obligados a hacer buenas obras, la Justificación y el Juicio final quedan  en manos de la gracia de Dios.

En el Concilio de Trento se establecieron 32 cánones referidos a la doctrina luterana sobre la justificación, para dejar muy claro la incompatibilidad con la doctrina católica. Transcribimos algunos:

5- Si alguno dijere, que el libre albedrío del hombre está perdido y extinguido después del pecado de Adán; o que es cosa de solo nombre, o más bien nombre sin objeto, y, en fin, ficción introducida por el demonio en la Iglesia, sea anatema.

7- Si alguno dijere, que todas las obras ejecutadas antes de la justificación, de cualquier modo que se hagan, son verdaderamente pecados, o merecen el odio de Dios, o que con cuanto mayor ahínco procura alguno disponerse a recibir la gracia, tanto más gravemente peca, sea anatema.

9-Si alguno dijere que por la fe solamente el pecador es justificado, de manera que no esté  obligado a cooperar en la consecución de la gracia de la justificación, y que no es necesario prepararse y disponerse para alcanzarla por la acción de su propia voluntad: sea anatema.

15-Si alguno dijere que el hombre renacido y justificado está obligado a creer de fe que él es ciertamente del número de los predestinados, sea anatema.

24-Si alguno dijere que la santidad recibida no se conserva ni tampoco se aumenta en la presencia de Dios, por las buenas obras, sino que éstas son únicamente frutos y señales de la justificación que se alcanzó, pero no causa de que se aumente, sea anatema.

Notas del Capitán:

(1) Este tipo de «argumentos» son muy propios de los últimos 60 años. Un cambio radical sobre la doctrina se hace sin ningún apoyo en la Revelación ni la Tradición. Es suficiente con decir «se ve con nuevos ojos» o «la Iglesia es más consciente de sí misma» etc. Con esas frases se manda a paseo cientos de estudios de los más acreditados pensadores católicos, refrendado por el Magisterio de siglos.

(2) Primero se establece que hay que llegar a un acuerdo, sólo falta decir «sea como sea». Así acabaremos con la división. Después, se hace referencia a nuevos estudios no citados que contradicen el Magisterio de la Iglesia. Finalmente, este acuerdo es propiciado por la «nueva luz» del Vaticano II y al que se ha llegado por la palabra mágica «diálogo». La Verdad se alcanza fruto del «diálogo». Que no falte tampoco las loas a la modernidad «métodos modernos de investigación». Supongo que estos métodos serán aplicables a todas las verdades de la Fe enseñadas hasta ahora.

(3) Si algo distingue al hombre protestante es su radical individualismo, nadie le representa. Algo lógico, dado que su fe puede mutar a voluntad. Por lo tanto, la Federación Luterana sólo representaba a los firmantes, a nadie más.

Houston, tenemos un problema.

Capitán Ryder.

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