CARACTER NATURALISTA DEL ECUMENISMO PARA LOS NO CRISTIANOS

Sigue Romano Amerio desmenuzando pacientemente los errores que se esconden detrás del ecumenismo, tal y como se ha entendido en estos últimos 60 años. Con esta línea de pensamiento teníamos que llegar necesariamente a lo que estamos escuchando, leyendo y viendo en los últimos tiempos.

Vamos con el punto 252.

Que la religión esté presente en una luz inmanente a la conciencia de todo hombre es una tesis apoyada en el prólogo al Evangelio de San Juan, que hasta Rosmini fue uno de los textos más meditados por la especulación católica. Pero si bien el Verbo, como luz de la naturaleza, consiente en la exaltación de los valores de las civilizaciones no cristianas, excluye sin embargo que se teorice sobre su autosuficiencia en orden a la salvación.

Ahora bien, el titular del secretariado para las religiones no cristianas, en dos extensos artículos de OR, reduce las misiones a diálogo “no para convertir, sino para profundizar en la verdad”. En el OR del 15 de enero de 1971 se lee que “la Iglesia tiene necesidad, para crecer según el designio de Dios, de los valores contenidos en las religiones no cristianas”. La tesis no es nueva, e identifica el orden de la civilización con el de la religión, que conviene sin embargo distinguir. Tal afirmación implica que en el seno de las religiones no cristianas late el Cristianismo, y que basta profundizar en el Logos natural para encontrar el Logos sobrenatural del hombre-Dios y de la gracia. El Islamismo, por ejemplo, sería un germen de Cristianismo que debe ser hecho germinar y crecer (1). Al igual que en el ecumenismo para los cristianos separados, aquí tampoco se procede por acceso a la verdad cristiana, sino por explicitación y maduración de una verdad inmanente a todas las religiones. El decreto Ad gentes enseñaba que “todos los elementos de verdad y de gracia que es posible hallar entre los infieles por una cierta presencia secreta de Dios, una vez purgados de las escorias del mal, son restituidos a su autor, Cristo. Por lo cual todo el bien que se encuentra diseminado en el corazón y en la mente de los hombres o en las civilizaciones o en las religiones propias de ellos, no sólo no desaparece, sino que es sanado, elevado y llevado a su completitud”.

La opinión de mons. Rossano arriba citada pone en cuestión un punto de eclesiología y otro de teología. En cuanto al primero, parece ofender al carácter autosuficiente de la Iglesia en orden a la salvación de los hombres, considerándola defectuosa y corta y necesitada de las otras religiones. En esto se confunde la religión con la civilización: si bien las civilizaciones, en cuanto construcciones del obrar humano siempre parcial, están conectadas y son mutuamente tributarias (surgiendo todas ellas de su base común: la naturaleza humana), no puede decirse lo mismo de las religiones, ya que la religión católica no es consecuencia del pensamiento natural de las naciones, sino un efecto sobrenatural que no puede obtenerse de la naturaleza humana profundizando en ella. Hay por tanto un sofisma que intercambia religión y civilización y elude la trascendencia del Cristianismo. La Iglesia, sociedad perfecta que tiene en sí misma todos los medios necesarios para su fin, sería entonces una sociedad imperfecta, que como dice Rossano necesitaría de las luces y valores de otras religiones.

La opinión de Mons. Rossano ataca también la nota de catolicidad de la Iglesia, ya que una Iglesia que debe ser integrada no sólo extensivamente, sino también intensivamente, no es ciertamente universal. La defectividad es proclamada también por Mons. Sartori, profesor de dogmática en la Facultad teológica de la Italia septentrional, en el curso de aggiornamento de la Universidad Católica de Milán: “el catolicismo ha descubierto su parcialidad, que es una contracción dentro de la universalidad, y ha reencontrado el Todo dentro del cual se encuentra la misma parcialidad cristiana”(2). El Cristianismo es así reconocido como una de las infinitas posibles formas históricas en las cuales se manifiesta la universal religión natural, siendo lo sobrenatural absorbido y naturalizado.

  1. El obispo Capucci, vicario del Patriarca latino de Jerusalén, en una entrevista en la Televisión de la Suiza italiana el 11 de septiembre de 1982, declaró que todos los hombres son hijos de la Iglesia, y que el Papa no hace ninguna diferencia entre mahometanos y cristianos.
  2. En una conferencia en Civiltá cattolica el padre Spiazzi enseña que “ninguna Iglesia se identifica perfectamente con Cristo. De ahí la necesidad de cada Iglesia acepte este movimiento centrípeto hacia el Redentor” (OR, 27 de enero de 1982)

NOTA: Estas teorías, divagaciones y especulaciones sin ninguna base filosófica, teológica, evangélica ni histórica se podrían catalogar como puro sabotaje. No hay club, asociación o empresa cuyos responsables digan que la competencia es tan buena como tú y sigan en su puesto. Incomprensiblemente todas las personas que cita Amerio en el libro eran profesores en universidades católicas, sacerdotes, obispos o cardenales.

Creo que empezamos a arrojar luz sobre las razones de la profundad descristianización de Occidente en estos pocos años. Los fieles de entonces analizaron lo que oían a los jerarcas de la Iglesia, sacaron la consecuencia lógica, y dejaron de ser fieles.

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