BREVES MEDITACIONES SOBRE LAS ESTACIONES DE LA CRUZ (IV)

CUARTA ESTACION

Jesús encuentra a su Madre

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos

R. Por que por tu santa cruz redimiste al mundo

Jesús se levanta, y aunque herido por su caída, prosigue su camino con la Cruz aún sobre sus hombros. Está encorvado hacia abajo. Pero en cierto lugar, al mirar hacia arriba, ve a su Madre. Por un instante se vieron mutuamente, y Él siguió adelante.

María hubiera preferido tener ella misma todos sus sufrimientos, de ser esto posible, que no haberlos conocido por dejar de estar junto a Él. Él fue confortado como por una brisa calmante y gratificante, al ver su triste sonrisa entre el espectáculo y los ruidos que había a su alrededor. Ella había conocido su belleza y su gloria, con la lozanía de la divina inocencia y la paz sobre Su semblante. Ahora lo veía tan cambiado y deforme que raramente lo hubiera reconocido, salvo por la penetrante, conmovedora, y pacificadora mirada que él le dirigió. Aún estaba arrastrando la carga de los pecados del mundo y a pesar de que era santísimo, llevaba la imagen de ellos en su mismo rostro. Aparecía como algún desterrado o bandido que tuviera espantosos delitos. Aquél que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros. Cada rasgo, cada miembro, era la expresión misma del delito, de una maldición, del castigo, de la agonía. ¡Qué encuentro aquél del Hijo y la Madre! Aunque hubo un mutuo consuelo porque había una mutua compasión, ¿olvidarán Jesús y María su tiempo de Pasión a través de toda la eternidad?

V. Misericordia, Señor.

R. Misericordia.

Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

J.H.Newman

Aquí Jesús vi a María

de tantos dolores llena,

que le causó mayor pena

que la Cruz que le oprimía.

Alma, que ves a los dos

en este mar de amargura,

llora tú la desventura

de haber ofendido a Dios

 

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