BLANQUEANDO A PABLO VI

Ha aparecido hace unos días alguna noticia en torno a Pablo VI que resulta muy poco creíble. Me refiero al asunto de la Reforma Litúrgica de Pablo VI, del que ahora parece que él fue una víctima más, como si todo se hubiese hecho contra su voluntad. Lo siento por Sandro Magister, quien publica la noticia, pero hubo protestas de muchos tipos que no le hicieron modificar ni un ápice su reforma: eclesiásticos de alta rango, sacerdotes, expertos liturgistas y católicos muy eminentes, entre los que destacaron especialmente los conversos ingleses.

De ellos, quizá, el que más se hizo notar fue Evelyn Waugh. Hay que entender las razones que planteaban. Dos cosas valoraban especialmente los conversos ingleses: la memoria de los mártires católicos y la liturgia. La segunda les fue arrancada en aquellos días, si hubiesen vivido más, el ecumenismo postconciliar del que sólo vieron unas muestras, les hubiese llevado a plantearse el motivo de su conversión.

Citemos como muestra un sólo detalle de cómo vivieron muchos católicos aquella reforma que Pablo VI llevó adelante.

Incapaz de enfrentarse a la nueva liturgia, Waugh pidió a su viejo amigo de Dowside, Dom Hubert van Zeller, que celebrara para él una misa privada en latín el domingo de Pascua. Pero el abad se opuso a ello arguyendo que, en ese momento, Dom Hubert «debía estar presente con el resto de la comunidad». Entonces, Waugh le pidió lo mismo al padre Philip Caraman, su amigo y confidente durante sus últimos y difíciles años, que le visitaba con frecuencia y a quien Waugh describía como «una visita paciente y amable». Caraman era jesuita y no necesitaba permiso de sus superior; y aceptó enseguida.

El 10 de abril, Domingo de Pascua, a las diez de la mañana, el padre Caraman celebró misa en latín en la capilla católica de Wiveliscombe -a unas cinco millas de la casa de Waugh-, a la que tan solo asistieron la familia de este y unos cuantos amigos. Al salir de la iglesia, muchos de los presentes se fijaron en lo contento que estaba Waugh. El padre Caraman puso de relieve su serenidad y su alegría, como si la depresión se hubiese evaporado o como si acabara de salir de una noche oscura del alma: «Se mostraba bondadoso y en paz consigo mismo, con esa tranquila serenidad que los sacerdotes solemos encontrar en quienes se están muriendo». Aproximadamente, una hora más tarde, Waugh fallecía víctima de un ataque al corazón.

«Creo que llevaba mucho tiempo rezando por su muerte, y esta no ha podido ser ni más hermosa ni más feliz», escribió su esposa a Lady Diana Cooper, «así que solo puedo dar gracias a Dios por Su misericordia…Pero nuestras vidas nunca volverán a ser las mismas sin él».

Su hija Margaret también escribió a Lady Diana Cooper con palabras de gozo más que de pesar: «No estés triste por papá. Creo que ha sido como un milagro. Ya sabes cuántos deseos tenía de morir; y hacerlo el domingo de Pascua, cuando toda la liturgia habla de la muerte y de la resurrección, y después de oír la misa en latín y de recibir la Sagrada Comunión, es exactamente lo que él quería. Estoy segura de que en misa pidió por su muerte. Estoy muy contenta por él».

Escritores Conversos, Joseph Pearce

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