AYUNO Y PENITENCIA

Belleza: en él nuestra victoria, y triunfo final

Cuando ayunamos, cuando nuestros rostros palidecen, cuando nos mostramos feos, démonos cuenta de que es entonces cuando más hermosos le parecemos a Cristo. Cristo ama a los soldados que practican el ayuno. Nuestros víveres y nuestro alimento es el ayuno. ¿Por qué? Porque en el ayuno está la victoria, y en la victoria el triunfo final. También el apóstol Pablo se gloriaba, no de estar saciado, sino de sentirse débil: “Cuando más débil estoy, entonces soy más fuerte” (2 Cor 12,10)

Nuestra segunda tabla de salvación es la penitencia

Repara en lo que dice: “Por temer a Dios edificaron casas”. Una casa, pues, no puede construirse si no se tiene temor de Dios. Si aquellas mujeres, que no habían pecado, por el simple temor de Dios edificaron sus casas, movidas sobre todo por la voluntad divina, ¿qué no debemos hacer nosotros, que hemos estado cautivos? Escucha, pecador, debemos temer a Dios para no cometer pecado; pero nuestra segunda tabla de salvación es la penitencia. “Cuando, tras la cautividad, era edificada la casa”. “Cuando la casa era edificada”. No dice “cuando fue edificada”, porque la penitencia no tiene fin. El justo sólo pone fin a su penitencia cuando muere. Donde hay pecado, siempre hay remordimiento de conciencia. Por eso se dice “era edificada”, porque no concluye durante todo el tiempo de la vida: mientras vivieres, de continuo estarás entregado a ella.

San Jerónimo, Doctor de las Sagradas Escrituras

Es realmente desasosegante leer a estos grandes Santos. Acostumbrados a la religión edulcorada, tan del gusto actual, las palabras de estos Santos nos golpean como un mazo. ¡A todos! Sin anestesia, sin avisar, esto es lo que hay: ayuno, penitencia, temor de Dios…

¡Señor, cuéntanos entre tus elegidos!

Capitán Ryder

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