ATRACCIONES FATALES DE MARX

Otro capítulo interesante para conocer la verdadera raíz del comunismo. Parece como si la caída del muro y el paso del tiempo, hiciesen menos repugnante, más simpática esta ideología verdaderamente demoníaca, que por otra parte sigue plenamente presente en nuestra vida, puede que con más intensidad que nunca.

Ahí va

Como ya se ha señalado, el encuentro determinante para el giro “científico” de Marx fue el que tuvo con Moses Hess, comunista y patrocinador de uno de tantos movimientos sionistas de la época. De Marx decía Hess en una carta escrita en 1841: “Él será quien dará el golpe de gracia a la religión y la política medievales”.

Hess puso en contacto a Marx con Proudhon. Los dos tenían en común físicamente el aspecto hirsuto, que era también, por cierto, el que presentaba un amigo común, Bakunin. Hay que señalar que la barba tupida y los cabellos intonsos no eran precisamente la característica de las modas románticas de la época, sino que, en realidad se trataba de la divisa obligatoria de la secta de Giovanna Southcott (que se creía en relación con el demonio “Shiloh”). Será quizá una coincidencia, pero el hecho es que fue en ese momento histórico cuando la secta abrazó el comunismo. Según Bakunin, Proudhon adoraba a Satanás (de Proudhon es la famosa frase: “Dios es el mal”) y el propio Bakunin escribía en Dios y Estado: “…Debemos despertar en el pueblo al diablo y excitar en él las pasiones más viles”.

¿Y Engels? También él había pasado por una fase inicial de persona devota a la Iglesia y a Cristo. La conversión de Engels se debe a la amistad con el teólogo liberal Bruno Bauer. Este escribe así a un amigo el año 1841: “Ni siquiera yo mismo me reconozco cuando profiero blasfemias desde lo alto de la cátedra…Cada vez que subo a la cátedra se apodera de mí un pérfido demonio”.

En suma, parece que también en Engels se verificó una transformación semejante a la sufrida por Marx: de autor de poemas en alabanza de Cristo a escritor de poesías satánicas. A partir de cierto momento, la correspondencia con Marx comenzó a estar repleta de obscenidades y declaraciones antisemitas. Lasalle era definido como “hebrero negro” y Bakunin como “una perfecta nulidad”. Mazzini llegó a decir de Marx: “Tiene un espíritu destructor y su corazón rebosa más de odio que de amor por los hombres”. Jenny Marx escribía así a su marido en 1844: “Vuestra última carta pastoral, oh gran sacerdote y obispo de almas, ha vuelto a traer la paz a vuestra pobre ovejita”. Puede ser que se trate de simples boutades entre marido y mujer, puede ser que no; sin embargo, a la luz de todo lo que llevamos visto, es lícito pronunciarse por el “no”.

En cualquier caso, la pasión antirreligiosa es algo común a todos los dirigentes comunistas desde entonces hasta ahora. Está presente en Lenin, en Troski, en Bujarin (que se lamentaba de no ser el Anticristo), en Mao, que comenzó a odiar a Confucio a la edad de ocho años; en Yagoda, que se divertía disparando sobre las imágenes sagradas…

…De cualquier modo, el vínculo entre revolución y satanismo, ya sea efectivo, psicológico o simplemente polémico, está ahí. Negarlo sería cerrar voluntariamente los ojos ante la realidad de los hechos.

De la Ilustración en adelante se puede decir que no ha existido revolucionario que no hay tenido que ver, de un modo u otro, con lo demoníaco o con prácticas ocultas.

Los monstruos de la razón

Capitán Ryder

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